La vida a contrapelo
y seguir la batuta al aplaudir.
Qué fácil sería ponerse laca
para no despeinarse el corazón, y llevar guantes
al remover la mierda que en el bolsillo
será el abono de un terreno rico en diamantes.
Saber, sin embargo, que no te han hecho de acero
y verte sólo y frágil y mortal.
Y a pesar de todo, más allá de la desesperación,
ser aquel rebelde que hurga con un puñal
el ojo ciego de Dios, el sufrimiento, el absurdo;
construir en el exilio el Tiempo, la Tierra, el Cielo
y, mientras dure este corto viaje,
acariciar la vida a contrapelo.
Qué fácil sería esgrimir banderas
en los estadios y allá donde reine el número,
borrar miedos y dudas, gritar con las fieras,
hacer del pulso de la masa la única ley,
archivar al individuo entre las quimeras,
imposibilitar el último gesto de Hemingway.
Saber, sin embargo, que con la libertad
pagarás el precio de no tener que decidir
cuando hayas delegado el derecho
a preguntar el cómo y el porqué.
Negar que la razón sea la multitud,
buscar tu estrella en tu noche
y, haciendo de tus errores lanza y escudo,
acariciar la vida a contrapelo.
Qué fácil sería hallar respuestas
siempre a punto en el manual de los creyentes.
Como un náufrago perdido, llegar a las costas
donde sólo hay que seguir el dogma, abjurar del mal
y, con dedos de Fe, arrancar las crostas
que te convertirían en un leproso marginal.
Saber, sin embargo, que creer excluye pensar,
que la razón también se oxida.
Desprenderte del consuelo de un Más Allá
como la serpiente pierde la piel inútil.
Hacer tuyas las dudas que te harán humano
y hacer tuyo incluso el toque gélido
que llaman angustia, despertar
y acariciar la vida a contrapelo.
Qué fácil sería yacer en la orilla
del consumo más moderno, vivir programado
como un perro de Pavlov, segregando saliva
por los estímulos que escupe la publicidad,
feliz de pagar cada lavativa
y anhelando lo mismo que todo el rebaño.
Saber, sin embargo, que quien se dirige a todos
lo hará siempre al nivel del más cretino.
La hipnosis mata el sueño, y hasta las palabras
pierden sentido en un entorno mezquino.
A tu alrededor los detritos cubren el suelo
y encima de ellos se sienta una modelo:
éste es el mundo donde no hay lugar para quien quiere
acariciar la vida a contrapelo.
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