La conciencia
Es partidista y desproporcionada.
Complemento del pecado
y del remordimiento,
no nos deja dormir en paz y nos quita el hambre.
Nos amolda a un guion convencional
en el que casi nunca somos protagonistas.
La conciencia, señores,
nos hace esconder en las buhardillas
lo que tendría que estar en el escaparate.
Bastaría con el respeto, la sinceridad
y un poquito de benevolencia.
Pero nos cuelgan, sin ninguna necesidad,
el sambenito de la conciencia.
Es del todo anticonstitucional.
Fomenta la mentira y aliena.
No nos deja mover
con espontaneidad.
La quintacolumnista del sistema.
Nos lleva por el camino del pedregal.
No puede dejar de pasar factura
ni de picarme los dedos
cuando estamos cambiando cromos
que a mí me faltan y tú tienes repetidos.
Desde fuera mandan leyes y reglamentos
y desde dentro ella completa la bronca.
Esto no puede ir bien.
Enseguida se ve que
alguien quiere clavar el clavo al revés.
¿Qué debe haber detrás de todo esto?
¿Quién nos confunde las necesidades y los vicios?
Liberemos los sentidos
y, como dice la policía,
investiguemos quiénes son los que sacan provecho.
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