Inicio de cántico en el templo
por todas partes en los campos hay rojo de amapolas.
Con nueva hoz empecemos a segar
el trigo maduro y, con él, las malas hierbas."
¡Ah, jóvenes labios despegados después
de la oscuridad, si supierais lo que el alba
nos ha tardado, lo largo que es de esperar
un alzarse la luz en la tiniebla!
Pero hemos vivido para salvaros las palabras,
por devolveros el nombre de cada cosa,
por que siguierais el recto camino
de acceso al pleno dominio de la tierra.
Miramos muy a lo lejos en el desierto,
bajábamos al fondo de nuestro sueño.
Cisternas secas se hacen cimas
subidas por escalones de lentas horas.
Ahora decid: "Nosotros escuchamos
las voces del viento por la alta mar de espigas."
Ahora decid: "Nos mantendremos fieles
ya para siempre al servicio de este pueblo."
(1965)
A Raimon, con mi aplauso agradecido.
Homenaje a Salvat-Papasseit. Traducción: Miquel Pujadó
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.