Aún es vuestra
con chispas de sangre
y pudieran bañarte de oro
mis dedos delirantes.
Y pudiera beber de tu pecho
y comer de tu pan
y entre los pliegues de tu vientre blanco dejar
mi nombre escrito.
No, no tengas miedo
estas manos
te quieren tanto
como no querrían que así fuera,
no puedo darte otra prueba.
No, no tengas miedo
me voy de aquí
y te quiero conmigo
como un enfermo que busca ayuda,
como agua que quiere ser bebida,
como si teniéndote no te tuviera,
sin preguntas locas ni papeles.
Si pudiera hacerme ladrón,
para robarte tu fruto,
le laten cada uno de los brotes
y él sigue adormecido;
hacerme piel de tu piel
hacerme llanto de tu llanto,
ser para ti el mejor consejo
y el primer sufrimiento.
No, no tengáis miedo
no puedo marcar
a quien ya lo está
con una cruz dorada en el rostro,
mi mujer aún es vuestra.
No, no tengáis miedo,
que pagaremos
posiblemente
el precio que estáis pagando vosotros,
porque jugamos vuestras cartas,
aunque al final de todo
alguien nos pida las cuentas del juego.
(1973)
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