Questi uomini soli, che parlano da soli
Di quanti amori sono rimasti orfani?
Per quanti deserti hanno disertato?
Da quante fonti, assetati,
hanno bevuto acque di sconfitta?
Di quanti giardini hanno odorato
i fiori della malinconia?
Quanti occhi, con fervore, hanno rincorso
sulle pensiline della notte,
nella stazione dei sogni blu..?
In quante camere infedeli
hanno amato corpi di miele?
Questi uomini soli, che parlano da soli,
che guardiamo con diffidenza,
che ridono da soli, piangono da soli...
Chi siamo noi per giudicare?
Chi sono i pazzi, chi gli assennati?
Prestiamo l’orecchio per conoscere
le cicatrici del loro passato,
e loro ci ignorano come dei niente (come se niente fosse),
quello che succede, succede.
Se parlano da soli, lasciali parlare.
Traduzione: Gianni Carlucci, Montserrat Collell Pasqués, Sergio Secondiano Sacchi, Franco Settimo
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.