Se all’altro mondo
i miei amici di sempre, e fiumi, e mari, e venti,
Se all’altro mondo tovassi, mio fratello, mio padre,
spiagge di sabbia bianca, e distese di aranceti.
Se qualcuno mi assicurasse, che là non ci sono urgenze,
né Dei né Provvidenze, né petrolio né denaro.
Se qualcuno mi assicurasse, eterne primavere,
o la luna di Valencia, e svagarmi senza fare nulla.
A me non importerebbe, morire in questo momento.
Se qualcuno mi assicurasse, che là in paradiso,
potrei prendere un Pastis, con Brel o Edith Piaf
o ritrovare il profumo dell’amore dell’adolescenza
o semplicemente baciare, in fronte Philippe Noiret.
Se qualcuno mi assicurasse, che là all’altro mondo
nessuno si sente colpevole, né orfano, né straniero,
che fosse sempre estate, che non arrivasse l’inverno,
che l’aria fosse pulita, e tutto andasse più lentamente.
A me non importerebbe, morire in questo momento
Traduzione: Gianni Carlucci, Montserrat Collell Pasqués, Sergio Secondiano Sacchi, Franco Settimo
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.