Novedad discográfica
Cecilia Pahl presenta «Estampas Argentinas», su cuarto trabajo
Cecilia Pahl, en compañía de Ernesto Snajer y Matías Arriazu, sorprende con Estampas Argentinas, un disco en el que diez canciones argentinas del repertorio académico son releídas en clave de música popular. Un fantástico regreso de la cantante misionera y de este formidable dúo de guitarras.
Cecilia Pahl, en compañía de Ernesto Snajer y Matías Arriazu, sorprende con Estampas Argentinas, un disco en el que diez canciones argentinas del repertorio académico son releídas en clave de música popular. Un fantástico regreso de la cantante misionera y de este formidable dúo de guitarras.
Portada del disco «Estampas Argentinas» de Cecilia Pahl.
El trabajo de Cecilia Pahl, a quien ya conocemos por su rescate de la obra de Ramón Ayala y por su álbum Litorâneo, siempre estuvo en un lugar de cruces. Su formación como niña cantora en Córdoba y su técnica vocal vinculada a la música antigua la acercan a la música de tradición escrita; su sangre misionera y el amor por el folklore de su tierra la acercan a las expresiones populares. Si vemos sus grabaciones, notaremos que siempre en mayor o menor grado está esa dualidad tan enriquecedora, llegando al paroxismo con Camino y Selva, junto a la orquesta dirigida por Richard Nant, donde interpreta repertorio de Ayala en compañía de una big band.
Este nuevo trabajo da una vuelta de tuerca sobre esta bella ambivalencia: se trata de piezas de compositores provenientes de la tradición académica (y no cualquier nombre sino los peces gordos, los que le dan nombre a instituciones) que escribieron piezas de inspiración folklórica o, en más de un caso, tomadas de fuentes anónimas. La operación realizada por Pahl y sus dos secuaces, los talentosísimos guitarristas y arregladores que son Ernesto Snajer y Matías Arriazu, es sacar a estas diez canciones de su ámbito natural, la sala de concierto, y arrimarlas al fogón nuevamente.
Originalmente escritas para canto y piano, estas piezas no están solamente transcritas para la voz de Cecilia y las dos guitarras. En muchos casos hay rearmonizaciones y mucha imaginación libre de parte de los arregladores. Claro que hay excepciones: la virtuosística introducción instrumental de Gala del día (track 4), de Carlos Guastavino (en realidad la única pieza que originalmente no es para solista, ya que fue escrita para coro mixto y piano, y es parte del ciclo llamado Indianas) fue transcripta para las dos guitarras por Snajer, y los dos instrumentistas se sacan chispas. Luego, cuando entra la voz, los instrumentos se liberan y recrean lo escrito por el guitarrista, que además ofició de técnico de grabación y mezcla.
Los arreglos se reparten entre Snajer y Arriazu, con un invitado de lujo: hay uno firmado por Guillermo Klein, el correspondiente a la Canción a la luna lunanca de Alberto Ginastera. Otros compositores de la primera parte del siglo XX que figuran en este disco son Carlos López Buchardo y Gilardo Gilardi, para muchos, nombres de conservatorios, pero que fueron músicos notables en su tiempo.
La voz de Cecilia está en ese lugar delicado, justo, en el que la buena técnica permite la expresión personal. Es fácil imaginarla cantando con una sonrisa este repertorio: eso es lo que se percibe al escuchar esta grabación hecha sin artificios, sin invitados; sólo ellos tres con el tesoro de esta música increíble, llevada a un lugar inédito.
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