El trovador catalán en la mitad del mundo
Joan Isaac en el Ecuador
No soy una persona de lágrimas fáciles. Bueno, ahora son más fáciles que antes, pero tal vez nunca como las de otras personas: la mayoría de mujeres que conozco y bastantes hombres.
Sin embargo, el día sábado 11 de septiembre asistí a una presentación del cantautor catalán Joan Isaac en Quito. Y me hizo llorar sin mayor trámite.
Lo había escuchado alguna vez por la radio, o cazando 'serrateadas' (¿se dirá así?) por el youtube. Sin embargo, nunca olvidaré la impresión de verlo en escena. Un hombre maduro, sencillo, con unos preciosos y profundos ojos oscuros, parco, sin sobreactuaciones ni poses. Apenas ese leer los versos de sus canciones en castellano para luego interpretarlas en catalán. Nada de payasadas. Nada tampoco de discursos o grandilocuencias gratuitas. Toda la fuerza del arte en la música y en la poesía.
Comenzó con un Gràcies, vida, gràcies que ya anunció un espectáculo de impecable calidad. Sin embargo, el derechazo al mentón se hizo sentir cuando, como si nada, brotó algo llamado Breu cançó d'amor per a dues filles (Breve canción de amor para dos hijas). Para los hijos, dijo. Cuántas veces he intentado en los días oscuros explicarle a mi hijo lo que una siente por esos trozos de carne y hueso que lanza por el mundo. Y de repente este hombre lo consigue sin tanta alharaca: "Que vengan plagas y tifones, y terremotos fuera de escala. Que este planeta pierda el norte y por agosto nos hiele al alba. Y que de golpe crezca el mar y nos moje el culo el agua salada. Que a mí ya no me importa nada si os tengo cerca de madrugada". Cuando se lo dije a Xavier solo comentó, conmovido: "Es un poetazo".
Joan Isaac es uno de esos raros artistas que no solo provoca estar oyendo todo el día, día tras día, sino que además a una le dan ganas de buscar, de investigar y de crear aunque sea cualquier cosa. De inventarse cuentos, poemas y letras de canciones que nunca en la vida conseguirán ser como las suyas.
Por eso me salí primerita del auditorio, a ver si alcanzaba a la persona que iba a vender los discos antes de que se agotaran, como en efecto sucedió. No la vi. Demoró en llegar. Sin embargo me quedé en la puerta para no estar demasiado lejos en el momento preciso. Y ahí, en la puerta, escuché su discurso sobre la vida y la muerte de Salvador Puig Antich y su Margalida. Y ahí, en la puerta, donde nadie me veía, levanté mi puño izquierdo y aprendí el estribillo para seguirlo a lo largo de la canción: "No sé dónde estás Margalida, pero si el canto te llega tómalo como un beso. Grita el nombre de tu amante, bandera negra en el corazón".
Llorando, por supuesto.
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