Desde Quito, Ecuador
Joan Isaac, en concierto
Noche de frío paramuno, en Quito. De esos que nos hacen caminar apesadumbrados, como pidiendo perdón por haber nacido. Y el aguacero torrencial, como anunciando el fin del mundo.
Y adentro, en el Auditorio de las Cámaras, la voz cálida de Joan Isaac, con su especial acento, acompañado de la guitarra serena y cómplice de Josep Traver. Éramos un público no catalán parlante, en su mayoría. Pero la común memoria genética de las lenguas, y la traducción previa de cada canción, nos llevaron por un mundo en el que ni el frío ni la lluvia tuvieron cabida en la memoria. Se había justificado abandonar el calor de la chimenea hogareña, cruzar la ciudad, y llegar tiritando, como náufragos, para darnos el gran gusto y reconciliarnos con la música y con la vida. Y para verle de frente, también, la cara al dolor. Porque las canciones de Joan Isaac no se pueden escuchar impunemente. Y si no, que lo diga quien haya sido testigo de La Tieta, en un homenaje a Serrat, o cuando nos contó de Margalida, o Manfred. En la penumbra del teatro, más de “una furtiva lágrima”. Mía también, claro.
Afuera, amainaba el aguacero. Adentro, una burbuja reverencial y cálida, agradecida, al escuchar cómo se desgranaban notas, emociones y palabras. Y siempre el aplauso fervoroso después de cada canción.
Un regalo para el espíritu. Un regalo para este Quito de paisajes imposibles. Para la bella música, tan huérfana, tantas veces. Un homenaje a la inteligencia, al arte hecho canción. A la canción que hechiza y que no nos abandona, y que seguimos tarareando por horas y por días. Un regalo llamado Joan Isaac, con su poesía y su voz sobre el pentagrama. Un regalo. Gracias, por siempre. Y que se repita. Porque, con Joan Isaac, no es cierto lo que dijo El Quijote.
Con su canción, segundas partes, siempre serán buenas.
En este mundo actual dominado por una élite de tiburones ávidos de sangre y dinero, forjadores de un mundo autoritario, genocida, explotador y censor, Silvio nos trae desde su bloqueada isla, nuevas y viejas canciones como si hubieran sido escritas anteayer para darnos un abrazo de esperanza, esperanza, esperanza blanca, roja o negra pero con amor.
El cantautor mexicano Alejandro Santiago, vinculado con la trova contemporánea mexicana, murió el 22 de septiembre de 2026 en una clínica de Cuernavaca, Morelos, después de un prolongado periodo de hospitalización. A lo largo de más de cuatro décadas de trayectoria publicó siete discos de manera independiente y llevó sus canciones a escenarios de México, Estados Unidos, Latinoamérica y Europa.
Durante el periodo de la Unidad Popular en Chile, la efervescencia creativa dio lugar a proyectos artísticos ambiciosos. Entre ellos destaca Los Siete Estados, un ballet concebido por el coreógrafo y director del Ballet Nacional Chileno, Patricio Bunster, que reunió en un mismo espacio de experimentación al cantautor Víctor Jara, al compositor peruano Celso Garrido-Lecca, al Ballet Nacional, a la Orquesta Sinfónica de Chile y a una nómina imprescindible de la Nueva Canción Chilena y movimientos afines: Inti-Illimani, Isabel Parra, Los Blops, Patricio Castillo y el grupo cubano Manguaré.
El cantautor italo-argentino Piero falleció el miércoles 7 de octubre en Buenos Aires a los 81 años, después de más de seis décadas de trayectoria. Autor e intérprete de canciones como Mi viejo, Para el pueblo lo que es del pueblo, Que se vayan ellos y Pedro Nadie, desarrolló una obra en la que convivieron la canción popular, el compromiso social y un repertorio centrado también en la paz y la solidaridad.
Yacaré Manso presenta Un poco demasiado, su octavo trabajo discográfico, un álbum de diez canciones que marca un regreso a sus raíces de rock y pop sin abandonar su identidad como cantautor. Producido por el propio Manso junto a Víctor Volpi, el disco cuenta con la participación de Kevin Johansen, Los Tipitos, Vale Acevedo y Bersuit, además de "Lulo" Isod en batería y Juan Gigena Ábalos en guitarra.