Recuerdo a un pionero del jazz moderno en Cataluña
Justicia para un «jazzman»
Ricard Roda, fallecido en noviembre, recibe un homenaje con el primer disco a su nombre.
Ricard Roda, fallecido en noviembre, recibe un homenaje con el primer disco a su nombre.
Por Roger Roca para El Periódico
Estos días se publica Asteriscs, el primer disco a nombre de Ricard Roda. Pero el saxofonista y clarinetista barcelonés, Premio Nacional de Música de la Generalitat en 1993, pionero del jazz moderno en Cataluña, docente y músico admirado por sus compañeros, no ha podido celebrarlo. Murió en La Seu d'Urgell el 18 de noviembre a los 79 años, víctima de un infarto. «Hablaba a menudo de esas grabaciones. Decía que eran lo mejor que había hecho», recuerda Jordi Pujol, director de la discográfica Fresh Sound y responsable de la publicación del álbum.
La reedición incluye Nits de jazz al Jamboree, elepé de 1968 descatalogado desde hace décadas que grabó el cuarteto en el que tocaba Roda, y se completa con otra grabación descatalogada, el epé Tete Montoliu y su cuarteto de 1958, en el que también participó el saxofonista.
En total son nueve cortes de una música vibrante y moderna, como la que entonces se hacía en los Estados Unidos y que tenía su réplica en gran parte de Europa. «Muy pocos músicos de aquí podían aspirar al nivel que había en Francia, Suecia o Italia, pero Roda hubiese podido ser uno de ellos. Él tenía ese lenguaje», asegura Pujol. Y aun así, Roda no figura en ninguna enciclopedia del jazz. Porque a pesar de su talento para la improvisación, no pudo dedicarse profesionalmente a la música que más le gustaba. Su caso es el de sus compañeros de generación en España, con la excepción de Tete Montoliu, la figura que eclipsó a todos los demás y que consideraba a Roda uno de los pocos músicos locales con gran nivel.
La carrera de Roda empezó a los 17 años en las orquestas de baile. Su talento le llevó a la prestigiosa orquesta de Lluís Rovira, con la que tocó en las salas de baile más lujosas de Italia, Suiza o Egipto. «El norte de África era una mina. Las orquestas españolas tenían algo que no tenían las americanas: los músicos tocaban más de un instrumento. Por la tarde daban conciertos de clásica a las señoras que se tomaban el te y por la noche un día tocaban tango y otro cha cha chá». En 1954, de vuelta a Barcelona, se enroló en la Habana Cuban Boys del músico Armando Oréfiche. Tras los conciertos, los miembros de la banda y músicos locales, entre ellos Tete Montoliu, se juntaban en largas jam sessions que fueron caldo de cultivo para la comunidad de músicos que hicieron suyo el Jamboree desde 1960 hasta que el club cerró sus puertas en 1968.
Durante esa década, y bajo el liderazgo de Montoliu, músicos de formación clásica como Roda, los pianistas Francesc Burrull y Ricard Miralles o el saxofonista y violinista Salvador Font, Mantequilla, consiguieron cultivar temporalmente su pasión por el jazz en una época en la que dedicarse profesionalmente a esta música era una quimera. «He hablado con muchos de ellos», explica Pujol, autor del libro Jazz en Barcelona 1920-1965, «y todos aceptaban esa situación como parte de su trabajo».
Cançó y sonido 'laietano'
Posteriormente Roda trabajó fuera del ámbito del jazz. Formó parte del grupo insignia de la Ona Laietana, la Orquestra Mirasol, con la que grabó el clásico Salsa catalana (1974), y acompañó a voces de la Nova Cançó como Lluís Llach, Joan Manuel Serrat y Marina Rossell. En 1985 puso en marcha Roda de Saxos, un proyecto en el que participaron algunos de sus alumnos. El contrabajista Horacio Fumero coincidió con Roda como profesor y dio con él algunos conciertos. «Ricard tenía un plan: cuando cumplió 50 años, consiguió un trabajo en la Banda Municipal de Barcelona para asegurarse la jubilación y luego dedicarse de pleno a hacer la música que le gustaba. Pero en 1996, poco antes de jubilarse, tuvo una trombosis cerebral». Roda ya no pudo volver a tocar, pero tenía una ilusión. «Siempre me decía que cuando se recuperase nos haríamos millonarios gracias a un disco que tenía pensado hacer», recuerda Pujol. «Quería grabar versiones instrumentales de canciones pop, como las que hacía aquel saxofonista italiano, Fausto Papetti». No grabó nunca su superventas, pero en Asteriscs está el músico de jazz que siempre quiso ser.
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