El músico presenta su proyecto personal
Mario Mas en primera persona
Mario Mas es, hoy en día, uno de los músicos más interesantes en su calidad de acompañante de prestigio. Acaba de presentarse en los Jardines de Lola Anglada en Tiana (Barcelona).
Mario Mas es, hoy en día, uno de los músicos más interesantes en su calidad de acompañante de prestigio. Acaba de presentarse en los Jardines de Lola Anglada en Tiana (Barcelona).
Mario Mas
© Federico Francesc
Federico Francesch y Mario Mas.
Mario Mas sigue de alguna forma la estela de su padre Javier Mas, a quien admira sin ningún tipo de rubor, que fuera soporte musical, como nos recordaba ella misma en su última actuación en el Grec, de María del Mar Bonet, entre otros muchos, y que en la actualidad comparte escenarios con Leonard Cohen.
Mario toca junto a figuras de la talla de Paco Ibáñez, Toti Soler, Ferran Savall, Carles Denia o Silvia Pérez Cruz. Una misión ésta, la de acompañante, que se nos antoja fundamental para la proyección de un cantante y que músicos como él convierten en algo más que un soporte para la que se supone es la figura principal, situándose, y aquí está lo difícil, a un mismo nivel pero sin robarle el protagonismo.
Pero en Tiana, en los jardines de Lola Anglada, en un ambiente recogido e íntimo, el acompañado era él, ofreciéndonos la primicia de lo que va a ser su proyecto personal, la suite Alazul, con la guitarra y el laúd como protagonistas, desgranando esa sabiduría que ha ido acumulando con el tiempo y el trabajo; los aires flamencos que le insufló el propio Raimundo Amador cuando él era casi un crío y aquél frecuentaba su casa como amigo de su padre; los estudios de música clásica; los viajes por America y África —“No me enteré de lo que era un tanguillo hasta que vi a unos niños marroquíes siguiendo ese ritmo con unas bolsas de plástico” nos explicaba—. Porque su música, que él nos iba acercando la otra noche, tiene aires de todo eso: Mediterráneo, America del Norte y del Sur, África...
Empezó el recital él solo a la guitarra, con dos excelentes temas de Sabicas, especialmente Mi Bohío; y la famosa canción mexicana Estrellita. A partir de aquí, con la incorporación del resto del grupo, llegó la presentación de Alazul, con momentos tan inolvidables como la Bulería del sol o la Zambra y bulería mora, en dúo de guitarra con Carlos Cortés.
Después llegó uno de los instantes cumbre de la noche cuando junto con Carlos Morera nos regaló el tango de Gardel, Por una cabeza.
Para acabar un tema de su padre, Paris Dakar, donde Javier Mas nos demostró porque es en la actualidad una de las figuras del laúd a nivel mundial.
Si antes decíamos que un buen acompañante ha de ser eso, bueno, pero además ha de proyectar su música para que el protagonista no pierda protagonismo, y valga la redundancia, tuvimos la otra noche el ejemplo ideal. Salir a escena respaldado por Javier Mas con el laúd, Aleix Tobías y Carlos Cortés en las percusiones, Jordi Gaspar al contrabajo, Alexandru Bublitchi al violín, y la colaboración extraordinaria del bandoneonísta Carlos Morera, es difícil de lograr; y el que todos esos músicos estuvieran absolutamente brillantes, pero siempre al servicio de la música que Mario Mas nos presentaba, hizo del concierto algo especial.
No sé si los que estábamos allí dejándonos llevar por la música; olvidándonos de los mosquitos —que los había—, y del ruido de la plaza adyacente —que lo había—, llegamos a ser realmente conscientes de la belleza y la sensibilidad que se desplegaba delante nuestro en este proyecto de Mario Mas, apoyado por inmensos artistas, que esperamos que tenga la continuidad que se merece.
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