Festival BarnaSants 2009
Pedro Guerra sin sorpresas
Pocas sorpresas ayer en el concierto de Pedro Guerra en el Palau de la Música de Barcelona aparte de las ya anunciadas de la presencia de Luis Pastor y Miguel Ríos.
Pocas sorpresas ayer en el concierto de Pedro Guerra en el Palau de la Música de Barcelona aparte de las ya anunciadas de la presencia de Luis Pastor y Miguel Ríos.
El trovador canario expuso básicamente el mismo repertorio de su último CD "Vidas en vivo". Fue un concierto muy correcto, con buenas canciones, buenos músicos y en un marco como el del Palau de la Música que es el ingrediente secreto que convierte un buen plato en uno inmejorable.
Pero Pedro Guerra pareció lucir cansado y quizás le faltó ese punto de emotividad y entrega a la que nos tiene acostumbrados. Esto, unido a ligeros problemas de afinación en las primeras canciones —problemas inusuales en Pedro seguramente provocados por una defectuosa monitorización—, convirtieron el principio del concierto en puro trámite.
El punto de inflexión tuvo lugar con la presencia en el escenario de Luis Pastor, amigo y cuñado de Pedro Guerra. Ambos nos ofrecieron una extraordinaria versión de "Ángel caído" con un Luis Pastor totalmente entregado y cuyo entusiasmo pareció contagiar al canario.
El otro invitado de la noche, Miguel Ríos, acompañó a Pedro en una de sus primeras canciones "Mujer que no tendré" y recibió una tremenda ovación fruto más del cariño y del respeto que de la propia interpretación que fue correcta pero prescindible.
En resumen, un buen concierto donde se recibió lo que se esperaba pero que no pasará a la historia.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.