Novedad discográfica
Delên: De Menorca llegan buenas noticias
El dúo menorquín Delên acaba de editar su segundo disco Bonanova, canciones dulces y saladas, delicadas, con aroma a mar. Menorca en un solo disco.
El dúo menorquín Delên acaba de editar su segundo disco Bonanova, canciones dulces y saladas, delicadas, con aroma a mar. Menorca en un solo disco.
Portada del disco «Bonanova» de Delên
Menorca es la más oriental y la segunda en tamaño de las Islas Baleares, en pleno Mediterráneo.
Después de una temporada fuera de casa, Quim Torres y Len Mesquida, Delên, han vuelto a casa, en Menorca. La isla es la verdadera protagonista del segundo disco de Delên, Bonanova (Buenanueva), cocinado con calma y amor, lleno de "pequeños detalles que hay que mirar", tal como cantan en Ets ametlers (Los almendros).
Un disco que, como indica el título, es una buena noticia. O muchas buenas noticias repartidas en 12 canciones. De entrada, hay que saber que Bonanova es una casa de campo Ciutadella (Menorca) que preside el paisaje desde donde se ha grabado el disco. Su nombre resume el ánimo de los componentes del grupo al volver a casa y culminar felizmente un disco de larga gestación, tres años después del debut Sa roba estesa (La ropa tendida). La ilustración de Cristóbal Pons lo resume a la perfección desde la portada.
Un regreso a casa que se nota en cada rincón del disco. Menorca está presente en todas las canciones, presentándose de mil formas. Nos hace lamer los dedos con "botes de tomate, arrope y figat", añora paisajes que se han dañado y da aliento a los que perduran, se hace a la mar para pescar o para evocar viejos naufragios, y nos marca el paso de los días a través de las cuatro estaciones, con nieve, lluvia, viento y sol.
En cuanto a la música Bonanova destaca por los arreglos preciosistas, donde las cuerdas (Moix de finestra, Ets ametlers) comparten espacio con guitarras eléctricas que crean evocativos paisajes sonoros (Dunes artificials, Fa moltes hores). Para encontrar este sonido ha sido clave la producción de Jaume Pla (Mazoni) así como el trabajo de grupo con Aitor Arriarán (guitarra eléctrica), Joan Torres (bajo), Pau Marquès (violonchelo) y Dani Benejam (batería). Y otro factor: la calidez adicional que te da el solo hecho de grabar en el comedor de casa.
Bonanova es todo eso y más. O también podríamos resumirlo y decir que, sencillamente, son canciones. Quim y Len hacen canciones de esas que sólo hay que escuchar una vez para aprendérselas y para amarlas, melodías de encaje de bolillos que quedan en la mente y te dibujan una sonrisa cuando las recuerdas. Menorca en un solo disco.
La película documental dedicada a Fito Páez propone un recorrido íntimo y en primera persona por más de cuatro décadas de vida y trayectoria artística del músico argentino. Dirigida por Matías Gueilburt y construida a partir de más de un año de seguimiento, material de archivo inédito, actuaciones y conversaciones personales, la producción se estrenará mundialmente el 3 de septiembre en Netflix.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.
El cantautor, escritor e intelectual italiano Francesco Guccini, autor de canciones fundamentales como Auschwitz, La locomotiva (La locomotora) o L’avvelenata (La envenenada), ha fallecido a los 86 años. Durante cerca de medio siglo, Guccini construyó una obra estrechamente vinculada a la memoria, la historia, el compromiso social, la literatura y una particular manera de observar las relaciones humanas y el paso del tiempo.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.