III Festival de Invierno de Chamamé 2012
Arrancó el Festival de Invierno de Chamamé
El trío del pianista y acordeonista Néstor Acuña, las voces de Juan Quintero y Luna Monti y el bandoneón de Tilo Trevisán fueron protagonistas de la inauguración del Festival de Invierno de Chamamé en el Teatro Juan de Vera de esta ciudad.
El trío del pianista y acordeonista Néstor Acuña, las voces de Juan Quintero y Luna Monti y el bandoneón de Tilo Trevisán fueron protagonistas de la inauguración del Festival de Invierno de Chamamé en el Teatro Juan de Vera de esta ciudad.
Cartel del III Festival de Invierno de Chamamé 2012
Télam/Laura Ferré - Este encuentro de música litoraleña invernal funciona como una suerte de anticipo de la Fiesta Nacional del Chamamé, que ofrecerá diez noches de energía y baile, del 9 al 20 de enero de 2013, en el anfiteatro Cocomarola de la capital correntina.
Dos músicos chaqueños, el acordeonista Lucas Monzón —quien volverá a presentarse el domingo con su grupo Amandayé— y el cantor y guitarrista Miguel Tayara, abrieron la jornada con las suaves composiciones del reciente trabajo discográfico de Monzón, Verde Profundo, y las canciones de Tayara.
Luego llegaron emociones intensas, escapadas del piano y el acordeón de Néstor Acuña, un artista que acompañó a músicos tan diversos como Mercedes Sosa y la Bersuit, seduciendo al público gracias a una propuesta capaz de combinar los rasgos identitarios del chamamé con toques jazzeros en una perfecta alquimia.
Acuña optó por el formato de trío, secundado por la sabia guitarra de Manuel Navarro y el contrabajo de Juanchi Cardozo, a quienes se sumó como invitada la sutil violinista Antonella Vera, músicos con los que halló momentos de exquisita comunicación, especialmente cuando sonaron los temas Luz del alba y En mi juego, dos creaciones de Acuña.
Una fuerte emoción ganó la sala cuando el cantor Ariel Acuña subió al escenario, a instancias de su hermano, para arrancar ovaciones al desgranar las nostálgicas estrofas de Pueblo del camino largo, para dar paso luego al dinamismo vital de Caminos del Isoquí.
Una exquisita versión del clásico chamamecero Kilómetro 11 generó sapucais (gritos usados especialmente en el chamamé) en la platea, precedidos por el asombro que despertó la composición Km 10 y medio del propio Acuña.
Después llegó la dulzura sonora de la bonaerense Luna Monti que asociada al tucumano Juan Quintero dieron paso a verdaderas conversaciones cantadas que despertaron un conmovido silencio entre quienes colmaron el Juan de Vera.
Así sucedió con Garzas viajeras, donde el compromiso social de la letra escrita por Aníbal Sampayo ganó dramatismo con la llegada del bandoneón de Julio Ramírez, o en la tierna Mejor así, cuyos versos escritos por Quintero para su amada Monti, arrancaron aplausos y lágrimas entre los asistentes.
La frescura de ambos intérpretes con un arte sin estridencias cautivó al público, que cayó rendido ante sus encantos cuando la pareja decidió "regalar" una versión a capella de El cosechero, casi susurrada por los artistas, parados al borde del escenario, bien cerca de la gente, dotada de una austeridad apenas subrayada por los sonidos de un pandero.
El bandoneonista Tilo Trevisán y los Hermanos Vallejos —cantantes—, todos vestidos con estricto traje gris y camisa blanca, conformaron hacia el final de la velada una suerte de postal de la tradición chamamecera que fascinó al público, especialmente cuando sonaron los acordes de una vieja canción de Don Isaco Abitbol, Bodas de plata, o con la suave cadencia de La torcaza, dos clásicos en la materia.
La primera jornada del festival logró armonizar las nuevas y las más tradicionales opciones en materia de canción litoraleña, con el denominador común de la búsqueda constante de la identidad, tantas veces postergada.
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