Novedad discográfica
Rafael Amor estrena «La gota y la piedra»
El cantautor argentino Rafael Amor estrenará las composiciones de su nuevo disco La gota y la piedra este sábado a las 21.30 en el teatro Sha (Sarmiento 2255) de Buenos Aires.
El cantautor argentino Rafael Amor estrenará las composiciones de su nuevo disco La gota y la piedra este sábado a las 21.30 en el teatro Sha (Sarmiento 2255) de Buenos Aires.
Portada del disco «La gota y la piedra» de Rafael Amor.
Viejo militante de la canción testimonial, el trovador argentino Rafael Amor que desde hace cuatro décadas reparte su vida entre la Argentina y España, retorna a la escena local tras un par de años.
La explícita figura sobre la constancia del agua para horadar la dureza de la roca, bien podría ser una autodefinición sobre el andar de este poeta y cantor para entregar una obra siempre urgente y valerosa en las que se reconocen piezas como Independencia, No me llames extranjero, Elegía a un tirano, Corazón libre, Olor a goma quemada, Mate lavao y Fuentealba.
Grabado en Madrid durante 2012, el reciente álbum a guitarra y voz que surca las canciones con relatos y recitados, entrega algunos de sus mejores pasajes con Vengo a cantar, El cerco, El zorro y Sepia, éste último a modo de tributo evocación de Aníbal "Pichuco" Troilo.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.