Novedad discográfica
Dani Fernán: «El pank de mis hijos» o de cómo puede dignificarse la canción de autor
Libertad 8; 27 de mayo; diez de la noche; lleno absoluto —yo conseguí un huequito gracias a La Maremoro y a La Chica Metáfora, que me lo estaban guardando—; la sala se queda a oscuras...; Jovis Fernández y Manu Clavijo ocupan sus puestos...; se hace un gran silencio y, de repente, en medio de la oscuridad, estalla una voz...
Libertad 8; 27 de mayo; diez de la noche; lleno absoluto —yo conseguí un huequito gracias a La Maremoro y a La Chica Metáfora, que me lo estaban guardando—; la sala se queda a oscuras...; Jovis Fernández y Manu Clavijo ocupan sus puestos...; se hace un gran silencio y, de repente, en medio de la oscuridad, estalla una voz...
Dani Fernán
Dani Fernán, Jovi Fernández y Manu Clavijo.
Dani, al final del concierto, leyendo la larga lista de sus ME-CENAS y agradeciéndoles emocionada su confianza y su colaboración.
Dani Fernán
Fotografías previas sobre las que Inés Poveda ha trabajado para crear la cubierta de «El pank de mis hijos»
Portada del disco.
«...y llega un hada, que me trae una canción...
...a veces me presta sus alas, a veces ya las llevo puestas yo...
...a veces me gana la confianza y hablo de más...
...a veces me callo por pura convicción la verdad...
...y cara de duende se me queda cuando otra llega...
...y todo depende, todo depende de la siguiente que encuentre...
..y cara de duende se me queda cuando otra llega...».
Dani Fernán sube al escenario y empieza el concierto... No; hoy no voy a escribir una crónica minuciosa y detallada sobre cómo se desarrolló el recital, ni de cómo transcurrió la presentación del disco «El pank de mis hijos»... Creo que eso, en la noche del pasado lunes, fue lo menos importante... Lo que sí voy a intentar transmitir en este artículo son dos reflexiones sobre el trabajo de Dani que hace tiempo que me vengo formulando, y en las que a lo largo de la presentación de su disco me sentí totalmente reafirmado.
La primera tiene que ver con Dani Fernán como compositor e intérprete, es decir, con este "cantautor sureño" que, pese a su juventud, lleva ya mucho tiempo trabajando y abriéndose camino en el "oficio de trovar". Han pasado muchos meses desde que le escuché cantar por primera vez en Sevilla, y he de decir que desde entonces hasta ayer no he dejado de creer —cada vez con más garantías y más certeza— en su extraordinaria calidad musical y poética. Creo sinceramente que nos encontramos frente a un "cantautor" singular y extraordinario que si las "hadas" le protegen —y el "puto" mercado no lo impide— va a llegar a ser muy "grande": uno de los grandes creadores del universo de nuestra "canción de autor".
Trabajando con él, antes y durante la grabación de su primer disco, le he visto crecer y derrumbarse; dudar y exigirse; cantar sentado y de pie; trabajar sin descanso e interrogarse continuamente sobre su trabajo; volar y discutirse a sí mismo las cuestiones frente al espejo; andar y desandar; "martini rojo" y "traje de viviv"...; pero, eso sí, en cualquier caso, todo ello teniendo muy claro donde estaba y hacia donde quería realmente caminar...; realismo y sueños por alcanzar...
Cuando finalmente Dani se decidió, y pudo, enfrentarse a la grabación de El pank de mis hijos, se entregó a ello con toda su alma; con ilusión, con minuciosidad, con mucho rigor y muchas horas de trabajo, con una total autoexigencia, con nervios y mucha alegría, y, sobre todo, con una fe inmensa en el equipo que le acompañó en el estudio, y en la gente sencilla y en algunos compañeros —esos y esas que él llama sus "ME-CENAS"— que confiaban en él, en su trabajo y que, además, le querían; porque a Dani es complicado dejar de quererle.
Por todo esto, el día que me pidió que le escribiera una especie de "prólogo" para el disco no lo dudé, lo hice feliz y no me fue difícil. Le escribí lo siguiente:
«Malos tiempos para la lírica», escribió Bertolt Brecht en los años treinta —y poco después estalló la Segunda Guerra Mundial—. Cincuenta años más tarde, en 1983, el grupo musical Golpes Bajos retomó, musicalizó y cantó aquella misma afirmación: “Malos tiempos para la lírica”... Recuerdo perfectamente aquel momento y aquella canción; y aunque reflejaban una evidente realidad siempre me resistí radicalmente a aceptarla. Frente a aquella “canción-realidad” no podía dejar de pensar en las palabras que un día le escuché a Rafael Guillén —escritor granadino—: “Pobre del mundo cuando se callen sus poetas” —“Si se calla el cantor, calla la vida”, cantaría Guarany—... Y así fue como nunca dejé de creer en la lírica y en el canto como “armas cargada de futuro”.
Hoy tengo la suerte de poder constatar que no me he equivocado, que es posible la lírica y el canto aún en los “más malos tiempos”...; que sigue siendo posible la canción con sus posibilidades liberadoras y revolucionarias...; que es posible la esperanza... Y todo eso lo sé —y me reafirmo en ello— porque existen y conozco seres humanos, poetas, compositores y cantores como DANI FERNÁN; porque la vida me sigue dando la oportunidad de poder disfrutar de creaciones musicales —como “El pank de mis hijos”— que vienen a demostrarnos que ¡sí!..., que estos “son muy buenos tiempos para la lírica”...; tiempos en los que la lírica y el canto resultan imprescindibles».
La segunda reflexión que hoy quiero compartir en este artículo —al margen y, a la vez paralelamente a las cualidades artísticas antes citadas— hace referencia a la gran "humanidad" que atesora Dani Fernán.
En ese sentido, una de las cualidades más brillantes de su personalidad es su "humildad" —palabra que estoy empeñado en recuperar como valor esencial y absoluto particularmente en el actual "mundillo cantautoril"—; "humildad" a la hora de plantearse su trabajo —sin demasiadas prisas, sin prepotencias y ni mesiánicos—; "humildad" para valorar a sus compañeros y compañeras de "trova" y para colaborar con ellos cuando es necesario —jamás le he escuchado una palabra negativa o de desprecio hacia ninguno de ellos—; y "humildad", sobre todo, a la hora de ofrecer su trabajo con sencillez y con toda su alma; dando lo mejor de si mismo; sin verborreas; sin cuentos; y plenamente consciente de que allí, sobre el escenario, su oficio consiste en cantar y en hacerlo lo mejor posible.
Este es el motivo por el que después de su concierto del pasado lunes, cuando llegué a mi casa sentí la necesidad de escribir en mi muro de facebook lo siguiente: «Hoy he tenido la oportunidad de participar en el triunfo de muchas "pequeñas cosas" —con frecuencia demasiado olvidadas— que son imprescindibles para la vida y, en particular, para este jodido y a la vez bello oficio de componer canciones y de cantar. Hoy Dani Fernán en Libertad 8 nos ha dado una lección sobre como se dignifica el arte, la música, la cultura y, en particular, esta "canción de autor" a la que personalmente tanto respeto». Me estaba refiriendo a esa "humildad" antes mencionada, cualidad que cuando se practica hace mucho más bella y de más calidad la creación artística.
En fin seguiría hablando de Dani y de El pank de sus hijos muchas horas, pero no voy a hacerlo, creo que lo mejor es comprar el disco y "ESCUCHARLO"... ¡palabra mágica!... El disco de Dani —como en realidad cualquier otro buen disco— necesita ser "escuchado", y para ello necesita ser "dado a conocer", difundirlo, regalarlo, mostrarlo, recomendarlo... ¡En eso estoy! ¡En eso estamos!... ¡En eso me gustaría invitaros a estar!.
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