Novedad literaria
El otro folclore andaluz
Andalucía, y hasta España, se identifican con el flamenco, las sevillanas y los compases del bajo Guadalquivir, pero la otra mitad de la región, la oriental, posee un folclore arcaico, profundo y raro que está al borde de la extinción, según el libro de viajes del profesor de música Ramón Rodríguez.
Andalucía, y hasta España, se identifican con el flamenco, las sevillanas y los compases del bajo Guadalquivir, pero la otra mitad de la región, la oriental, posee un folclore arcaico, profundo y raro que está al borde de la extinción, según el libro de viajes del profesor de música Ramón Rodríguez.
Portada del libro «El corazón de la besana» de Ramón Rodríguez.
Fotografía cedida por la Editorial Traspies. Retrato de Doroteo Hidalgo, violinista autodidacto de la aldea de Charilla (Alcalá la Real, Jaén), que falleció el año pasado a los 99 años, y que es uno de los personajes incluidos en el libro de viajes «El corazón de la besana», en el que el profesor de Música Ramón Rodríguez ha consignado el folclore rural de Andalucía Oriental, que considera al borde de la extinción.
© Antonio G. Olmedo
EFE/Alfredo Valenzuela - Historiador y autor de varios trabajos de campo antropológicos, Rodríguez ha explicado a Efe que ese folclore agrario de las provincias de Granada, Málaga, Almería y parte de las de Jaén y Córdoba es de los más apegados a la tierra labrada y al trabajo rural, como quiere expresar el título que ha elegido para encabezar estas páginas, El corazón de la besana (Traspiés).
En estas comarcas "el instrumento típico del campo andaluz es el violín, que se toca en las rondas, en los verdiales malagueños, en los fandangos y para acompañar los trovos", ha explicado Rodríguez, que lamenta que el violín siempre se asocie al mundo celta, pero nunca al folclore sureño.
El corazón de la besana, según su autor, no es un trabajo de campo sino una obra literaria que incluye relatos populares y poesía popular, lo más parecido a un libro de viaje que aglutina experiencias y hallazgos cosechados a lo largo de tres años.
"Salíamos buscando celebraciones y fiestas y encontrábamos cosas por casualidad; con idea de ir más allá de los trabajos etnomusicales o antropológicos, queríamos hacer algo que pudiera leer todo el mundo, incluso los propios troveros", ha señalado Rodríguez aludiendo al fotógrafo Antonio G. Olmedo, su acompañante en todas estas búsquedas y viajes.
Olmedo firma el libro con Rodríguez y sus imágenes en blanco y negro hacen dudar de que estén tomadas en el siglo XXI, como si fuesen una demostración de que el tiempo, lejos de la ciudad, conserva su propio ritmo, ajeno a invasiones tecnológicas y culturales.
Entre los personajes consignados por Olmedo figura Doroteo Hidalgo, violinista autodidacto de la aldea de Charilla (Alcalá la Real, Jaén), que falleció el año pasado a la edad de 99 años, al que Rodríguez considera "un héroe" por haber preservado "los fandangos tradicionales que se bailaban a la luz de un candil en los cortijos" y haber sido capaz de haber grabado un disco con ellos.
Doroteo, que fue cartero en los años de la República es, según Rodríguez, "uno de esos personajes a los que la música siempre ha acompañado" y que merecía haber visto cumplido su deseo de haber grabado un segundo disco con su violín.
Entre los instrumentos más extraños y antiguos que ha consignado Rodríguez está la chicharra o instrumento cordófono con una vejiga de cerdo inflada como caja de resonancia que se toca con un arco accionado desde arriba, además de zambombas caseras de todo tipo, incluso fabricadas con las antiguas cañerías de barro romanas, y violines hechos con lata o cartón.
"Ya nadie experimenta fabricando violines caseros, porque resulta más barato comprar un violín chino", según Rodríguez, quien también ha oído la profundidad de las zambombas de medio metro de diámetro, fabricadas con orzas en la localidad cordobesa de Alamedilla.
Los troveros de la Alpujarra (Granada y Almería) son denominados "poetas" en la cordobesa Sierra Subbética y su talento como repentistas o improvisadores podría salvar parte de este folclore como, ha señalado Rodríguez, ha sucedido en Cuba, Canarias o el País Vasco, "donde casi nadie conocía a los versolaris hace algo más de diez años y ahora tienen su público".
Pero Ramón Rodríguez, que los ha escuchado mientras que Olmedo los retrataba, no se muestra demasiado optimista con el porvenir de estas costumbres de otros tiempos: "Creo que no van a continuar, porque no se conoce, y cuando no se conoce algo no se puede conservar".
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