A 38 años de su muerte
Aquiles Nazoa, el humorista que creyó en los poderes creadores del pueblo
Este viernes Venezuela recuerda la partida física del escritor, periodista, poeta, dibujante y humorista, Aquiles Nazoa, quien murió el 25 de abril de 1976, en un accidente automovilístico en la autopista Caracas-Valencia.
Este viernes Venezuela recuerda la partida física del escritor, periodista, poeta, dibujante y humorista, Aquiles Nazoa, quien murió el 25 de abril de 1976, en un accidente automovilístico en la autopista Caracas-Valencia.
Aquiles Nazoa
Inessa Acosta Baptista/AVN - Aquiles Nazoa heredó de su padre, Mario Nazoa, sus dotes poéticos y de su madre, Micaela González, su cualidad humorística que le permitió legar innumerables obras que lo perpetuaron como uno de los intelectuales más importantes de América Latina.
"Ese humor era hijo de una cronista extraordinaria llamada Micaela Nazoa, la madre de Aquiles", comentó el Arquitecto Fruto Vivas, amigo de la familia, en el programa Rostros de Venezuela, producido por la televisora educativa, Colombeia.
Nació el 17 de mayo de 1920, en la zona popular caraqueña El Guarataro, estudió en la Escuela 19 de abril, entonces llamada Escuela Federal Zamora, ubicada en la parroquia San Juan, a una cuadra de la plaza Capuchinos de Caracas donde solía pasar largas horas.
Creció bajo la dictadura de Juan Vicente Gómez y Marcos Pérez Jiménez, de las que pudo ser crítico, y a los 12 años empezó a ayudar a su familia económicamente ejerciendo oficios como aprendiz de carpintería, empleado de una bodega, telefonista y botones del Hotel Majestic de Caracas, que estaba ubicado frente al Teatro Municipal.
"Aquiles fue un individuo solidario, enfrentado a todas las cosas horrendas que sucedían en dictadura. Él tenía la lengua más brava que conocí en mi vida", recordó Fruto Vivas, quien comentó que en la época en la que Nazoa trabajó de botones en el Majestic, se le hizo frente al hotel un homenaje a la obra del escritor Rómulo Gallegos en la que Aquiles destacó un poema dedicado por el escritor a Juan Vicente Gómez.
"Aquiles se paró para decir que había un desconocimiento muy grande sobre este autor que no estaba junto al pueblo al contrario de Andrés Eloy Blanco y leyó un poema de Gallegos dedicado a Juan Vicente Gómez, después recitó Píntame angelitos negros, comparando ambos escritores y su obra", destacó.
En 1935 ingresó en el diario El Universal como empaquetador. Luego pasó al archivo de reproducción y de ahí se desempeñó como corrector de pruebas. Gracias a su propio esfuerzo aprendió francés e inglés, idiomas que en 1938 le permitieron trabajar como guía de turistas en el Museo de Bellas Artes.
De la cárcel al exilio
En su labor de corresponsal, Aquiles fue enviado a Puerto Cabello donde colaboró con el diario El verbo democrático y luego de escribir un artículo criticando el desempeño de las autoridades locales por no erradicar efectivamente la malaria, fue encarcelado en 1940.
"Papá toda la vida fue un rebelde, si uno habla de revolucionario, yo hablo de papá, lo tomo como un gran rebelde que se rebeló contra la injusticia", comentó su hijo Mario en el programa Rostros de Venezuela.
Al ser liberado regresó a Caracas donde trabajó en la emisora Radio Tropical, mantuvo en El Universal una columna titulada Por la misma calle, empezó a trabajar en el diario Últimas Noticias, donde publicó sus poemas humorísticos en la sección A punta de lanza, bajo el seudónimo Lancero, y colaboró en el semanario El Morrocoy Azul, en el que publicó —bajo el seudónimo de Jacinto Ven a Veinte— sus poemas Teatro para leer.
"Aquiles fue un humorista de los insignes que hemos tenido, que nos enseñó cosas que lamentablemente se han olvidado. Sus obras fueron una muestra de humor crítico y verdades", expresó el periodista venezolano Roberto Hernández.
En 1945 asumió la dirección de la revista humorística Fantoches, fundada en 1923 por el escritor, dramaturgo y publicista Leoncio Martínez, y en 1948 recibió el Premio Nacional de Periodismo, en la especialidad de escritores humorísticos y costumbristas.
El 7 de marzo de 1950 nació en Caracas su primer hijo, el humorista Claudio Nazoa. Ese mismo año colaboró con el argentino Carlos Hugo Christenses en la elaboración del filme La balandra Isabel llegó esta tarde.
En 1953 el Morrocoy Azul pasó al control del Gobierno lo que ocasionó que Aquiles, junto a otros periodistas, se uniera para colaborar en la revista de humor El Tocador de las Señoras, que más tarde fue clausurada.
Al hacerse más difícil la situación política del país, Nazoa se marchó en 1956 a Bolivia, seguido de su familia.
Dos años más tarde, luego de la caída de Pérez Jiménez, en 1958 regresó al país y crea con su hermano la revista de humor Una señora en Apuros, además de fundar y participar en diferentes medios de comunicación que fueron clausurados bajo el régimen de Raúl Leoni. Fue entonces cuando publicó su Poesía para colorear y El burro flautista (ambos en 1958) y Los dibujos de Leo (1959).
En 1960 aparece en Caracas su libro de poemas Caballo de manteca y sus obras son recogidas en la compilación Humor y amor de Aquiles Nazoa, publicada en 1970.
También produjo trabajos en prosa como el ensayo publicado en 1961 Cuba, de Martí a Fidel Castro; Poesías costumbristas, humorísticas y festivas (1963), Pan y circo (1965), Los humoristas de Caracas (1966), Caracas, física y espiritual (1967), por el que recibió el Premio Municipal de Literatura del Distrito Federal; Venezuela suya (1971); Los sin cuenta usos de la electricidad (1973), y Gusto y regusto de la cocina venezolana (1973).
La UCV le otorgó un premio post mortem al Mejor Libro otorgado por Vida privada de las Muñecas de Trapo, publicada en 1975.
Entre sus obras dejó un credo, en el que declaró su fe a Pablo Picasso, Charles Chaplin, el escritor Rainer María Rilke, el gato risueño de Alicia en el país de las maravillas, el arte, la fábula, la poesía, pero sobre todo a los poderes creadores del pueblo.
Credo de Aquiles Nazoa
Creo en Pablo Picasso, todopoderoso, creador del cielo y de la tierra; creo en Charlie Chaplin, hijo de las violetas y de los ratones, que fue crucificado, muerto y sepultado por el tiempo, pero que cada día resucita en el corazón de los hombres.
Creo en el amor y en el arte como vías hacia el disfrute de la vida perdurable, creo en el amolador que vive de fabricar estrellas de oro con su rueda maravillosa, creo en la cualidad aérea del ser humano, configurada en el recuerdo de Isadora Duncan abatiéndose como una purísima paloma herida bajo el cielo del mediterráneo.
Creo en las monedas de chocolate que atesoro secretamente debajo de la almohada de mi niñez, creo en la fábula de Orfeo, creo en el sortilegio de la música, yo que en las horas de mi angustia vi al conjuro de la Pavana de Fauré, salir liberada y radiante de la dulce Eurídice del infierno de mi alma.
Creo en Rainer María Rilke héroe de la lucha del hombre por la belleza, que sacrificó su vida por el acto de cortar una rosa para una mujer, creo en las flores que brotaron del cadáver adolescente de Ofelia, creo en el llanto silencioso de Aquiles frente al mar, creo en un barco esbelto y distantísimo que salió hace un siglo al encuentro de la aurora, su capitán Lord Byron, al cinto la espada de los arcángeles, junto a sus cienes un resplandor de estrellas.
Creo en el perro de Ulises, en el gato risueño de Alicia en el país de las maravillas, en el loro de Robinson Crusoe, creo en los ratoncitos que tiraron del coche de la Cenicienta, el beralfiro el caballo de Rolando, y en las abejas que laboran en su colmena dentro del corazón de Martín Tinajero.
Creo en la amistad como el invento más bello del hombre, creo en los poderes creadores del pueblo, creo en la poesía y en fin, creo en mí mismo, puesto que sé que alguien me ama.
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