Veinte años sin Ovidi
Las dos muertes de Ovidi Montllor
[Publicado originariamente hace cinco años] Hoy se cumplen veinte años de la partida hacia las "vacaciones" definitivas de Ovidi Montllor, sin duda uno de los mejores trovadores del siglo XX. Ovidi se marchó en soledad y silencio, víctima de la acción de unos y la connivencia de otros a mayor gloria de la Santísima Transición Española y para vergüenza de todos los que tengan vergüenza.
[Publicado originariamente hace cinco años] Hoy se cumplen veinte años de la partida hacia las "vacaciones" definitivas de Ovidi Montllor, sin duda uno de los mejores trovadores del siglo XX. Ovidi se marchó en soledad y silencio, víctima de la acción de unos y la connivencia de otros a mayor gloria de la Santísima Transición Española y para vergüenza de todos los que tengan vergüenza.
Ovidi Montllor (1969)
© Pilar Aymerich
Ovidi Montllor (1972)
© Pilar Aymerich
Ovidi Montllor murió dos veces. La primera un 10 de marzo de 1995 cuando dejó de respirar para siempre. La segunda muerte se empezó a gestar unos años antes.
A finales de los años sesenta, cuando los estudiantes franceses descubrían la playa bajo los adoquines de París; en España la dictadura franquista, aunque con evidentes signos de agotamiento, seguía fusilando, torturando y encarcelando a sus opositores.
En este contexto de represión y censura aparecieron distintos movimientos de cantautores que no solo compusieron la banda sonora de los incipientes movimientos de protesta, sino que además se alzaron —muchas veces sin pretenderlo— como los portavoces de la lucha antifranquista.
En noviembre de 1975 Francisco Franco murió en la cama —que es donde mueren la mayoría de torturadores en España— iniciando un periodo de la Historia que se conoce como "La Transición", fruto de las negociaciones entre los que mandaban entonces —que con otros collares siguen mandando ahora— y las fuerzas opositoras al régimen, con el fin de cambiar lo que había antes para llegar a lo que sea que haya ahora.
Fue entonces cuando los cantautores se volvieron realmente incómodos. Siempre lo fueron para la derecha pero ahora también lo eran para la izquierda. Lo decía muy gráficamente Serrat: "Servíamos para tocarles los cojones a ellos. A la derecha eso nunca le ha gustado. Y a la izquierda, tampoco. Al poder no le gusta que le toquen los cojones".
A partir de ahí, los cantautores fueron condenados a un exilio interior y a una muerte lenta por inanición. Ovidi Montllor sufrió de una forma dramática esta dura travesía del desierto. Si desde 1968 había grabado prácticamente un disco cada año, a partir de 1980 no volvió a lanzar ningún trabajo.
Este encarnizamiento hacia su obra no fue casual. Ovidi era un elemento peligroso. Su cuestionamiento trascendía al régimen para llegar a los cimientos propios del sistema, cosa molesta para un proceso cuya máxima implícita era "cambiarlo todo para que nada cambie".
Ovidi, suma de ternura, socarronería y mala leche; dominador del gesto y del escenario —no en balde también era actor— y con un talento especial en el oficio de hacer canciones que perduran; grande entre grandes; fue condenado a una segunda muerte, de la cual él ya nos había advertido:
Tengo un partido y una ideología.
Digo lo que digo sin cobardía.
Pero también sé el precio de todo esto:
Tarde o temprano, me llegará sentencia.
Pues no interesa quien no lame con paciencia.
Me aislarán, diciendo que me he aislado.
Dirán o dicen, que ya estoy acabado.
Cuando en el 2000 decidimos desde CANCIONEROS.COM iniciar la elaboración de su cancionero y discografía nos encontramos con el vacío absoluto. Ovidi había muerto artísticamente.
Sin embargo, afortunadamente, el tiempo es sabio y va poniendo las cosas en su lugar. En los últimos años la figura de Ovidi Montllor ha ido creciendo y es cada vez más reivindicada especialmente por las nuevas generaciones de trovadores, que quizá nunca lo vieron actuar en vivo.
Su capacidad para crear canciones eternas, para decirlas como nadie, su estilo como rapsoda y su buen gusto seleccionando textos de poetas; sus posicionamientos éticos e intelectuales; su consecuencia, honestidad y autoexigencia hasta las últimas consecuencias; todo ello ha forjado una leyenda que ha ayudado a redescubrir o sencillamente descubir por primera vez su obra.
Ovidi Montllor regresó de su segunda muerte, si es que hubo tal, porque como ya nos advirtió en su día "Me creeréis muerto/Yo no habré muerto/¡Haré vacaciones!".
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