30 años
Martirio: «La música es lo que me ha dado más felicidad en el mundo»
Treinta años han pasado desde que María Isabel Quiñones, cual David Bowie, se plantara peineta ("una antena, un elemento plástico total") y gafas de sol ("porque era underground") con la "misión" de aunar sin prejuicios vanguardia y folclore bajo el alias de Martirio.
Treinta años han pasado desde que María Isabel Quiñones, cual David Bowie, se plantara peineta ("una antena, un elemento plástico total") y gafas de sol ("porque era underground") con la "misión" de aunar sin prejuicios vanguardia y folclore bajo el alias de Martirio.
Maribel Quiñones «Martirio».
EFE - "Nunca me he cansado de la música. Sí de los avatares y de lo que hay que hacer para poder trabajar, porque no siempre ha sido fácil, pero la música es mi grandísima vocación y lo que me ha dado más felicidad en el mundo, además del cariño de mi hijo Raúl", reconoce la cantante onubense Martirio en una entrevista.
El motivo de su encuentro con Efe es el concierto que ofrecerá el próximo jueves en el Teatro Circo Price de Madrid, dentro del ciclo Inverfest 2016, como un homenaje a esos 30 años en los que ha "metido mano en muchas cosas": canción latinoamericana, zarzuela, pop, rock, flamenco, bolero ("me vuelve loca")... y, por supuesto, copla.
La ahora también locutora de Radio Gladys Palmera inició su carrera musical en los años 70 como miembro del grupo Jarcha, que la ayudó "a caminar por la poesía comprometida y la canción popular".
En 1984 llegó su incorporación al grupo Veneno, liderado por Kiko Veneno y los hermanos Raimundo y Rafael Amador. "Aquello me abrió la cabeza al surrealismo, a una forma de poesía cotidiana mezclada con lo culto y a la unión del blues y la bulería", destaca.
Fue Kiko Veneno quien la ayudó a encontrar su identidad musical para que naciera Martirio, un concepto que ella redondeó con una propuesta estética muy particular, como Chaplin con su bombín y su bastón.
"Me encanta el traje folclórico y la peineta, que ejercía como antena, como elemento plástico total que se puede transformar en lo que quieras y embellecer siempre", explica.
A eso sumó las gafas de sol, que querían expresar que ella era además "underground", no como una máscara, porque asegura que se le ve todo, aún con las lentes oscuras puestas. "Me encuentro más glamourosa y me permite tener un personaje y seguir siendo persona en mi vida normal sin creerme nada. Me da estabilidad emocional", dice.
"Al principio la imagen era muy impactante", dice, "pero yo salí como si no tuviera más remedio, como una misión. Encarné un personaje colectivo que no tenía prejuicios en aunar cosas de vanguardia y del folclore, sin márketing detrás, desde el corazón. Había mucha carga de profundidad detrás, como se ha visto con los años", afirma.
Lo suyo fue una recodificación de la copla para acercarla al presente. "Hay que encararla como un tesoro de la música popular del siglo XX. Para que no muera, cada cantante le tiene que dar su estilo. No se pueden repetir los movimientos, cadencias y melismas de las maestras, porque como ellas no lo hará nadie. Hay que pasarlas por el filtro de la gente de la calle de hoy", opina.
Luego llegó su acercamiento al jazz de la mano de Chano Domínguez, primero con Coplas de madrugá (1997), el que considera uno de sus discos más importantes, y después con Acoplados (2004). Martirio ansía el tercer episodio de estos encuentros.
No se puede olvidar tampoco de "los flamencos venidos de Morón", ni mucho menos de su acercamiento a la música latinoamericana, por ejemplo con su último disco en recuerdo a Chavela Vargas, De un mundo raro (2013), junto a su hijo Raúl Rodríguez.
"Se me han quedado pegadas algunas capitas de ángel que ella tenía", afirma.
Martirio afronta ahora un concierto especial que la tiene con los nervios crispados. Será un recorrido por su carrera, con una banda de la que formarán parte algunos de sus músicos y compañeros más emblemáticos, como Javier Colina o el pianista Jesús Lavilla.
Contará además con cuatro invitados de excepción. El primero, claro, Kiko Veneno; también estarán Javier Ruibal ("mi amigo", le llama), Miguel Poveda ("al que adoro desde antes de su éxito", cuenta) y Silvia Pérez Cruz ("la persona que más me emociona en estos momentos; me recuerda a mí en su necesidad de búsqueda", revela).
A sus 61 años, a Martirio aún le quedan muchos años de búsqueda. Para empezar, quiere organizar una exposición con sus peinetas y recuerdos.
"También tengo ganas de escribir canciones, de reírme y mirar las cosas que nos pasan con ironía, de contar la visión de las mujeres a las que nos han educado para una cosa, pero a las que la vida nos ha llevado por otro camino, a hacernos una educación propia", anticipa.
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