El vicio en el hospicio
nos perturba a cualquier digno
residente del hospicio, verá usted,
como signo
de que aún ejerce su oficio, verá usted,
verá usted lo que pasaría
de no echar bromuro en el menú del día.
Si el anciano
con malsano
movimiento subrepticio,
larga la mano,
al paso de sor Sulpicio...
Si este gesto,
tan impropio y deshonesto
saca a la monja de quicio, verá usted,
si contra el sexo
es el momento propicio, verá usted,
verá usted lo que pasaría
de no echar bromuro en el menú del día.
Si la hermana
esa mañana,
harta de inútil suplicio
o por desgana,
no se ajusta su cilicio...
La hermanita,
si a esta mano que la incita
de su alma en perjuicio, verá usted,
no la evita
de su cuerpo en beneficio, verá usted,
verá usted lo que pasaría
de no echar bromuro en el menú del día.
Si ella siente
que desmiente
su vida de sacrificio
pero consiente
en caer al precipicio...
Si ipso facto
le revela este contacto,
trastornándole el juicio, verá usted,
que es exacto,
que no somos de silicio, verá usted,
verá usted lo que pasaría
de no echar bromuro en el menú del día.
Que el pecado
se ha colado
aprovechando un resquicio.
Mucho cuidado,
ya está el vicio en el hospicio.
Ya ve usted
ya ve usted lo que pasaría
de no echar bromuro en el menú del día.
La cantante mallorquina ofreció en el Palau de la Música de Barcelona, dentro del festival Guitar Bcn, un concierto de intensidad creciente en el que L’aigua no cansa, su nuevo disco, se convirtió en el auténtico centro del repertorio. Arropada por una banda de músicos extraordinaria, Maria del Mar Bonet volvió a demostrar que, cerca de cumplir sesenta años sobre los escenarios y los ochenta de vida, sigue instalada en un momento creativo y vocal fuera de lo común.
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