Un soplo de alegría
de la inhóspita armonía
de tristezas como losas
e inconfesas cobardías
a la espera de esperanzas
que jamás verán el día.
No pretendo entrega alguna,
ni siquiera compañía
que me espante soledades
porque no te pediría
nada que yo no pudiera
ofrecerte en garantía.
Estaría bien
aparcar alevosías
para siempre, amén...
Y sentir, amiga mía,
que en tu abrazo aún hay tiempo
para un soplo de alegría.
No soporto por más tiempo
la implacable hipocresía
de fantasmas que trafican
dádivas de ideologías
con postores impostores
de sus propias felonías.
Como ves, no necesito
ni decálogos vigías
ni verdades sin fisuras
ni prudentes herejías
ni banderas pira sangre
que rematen geografías.
Mi indecencia ya no admite
tanta estrafalaria orgía
de materia que confunde
sueños con pornografía
reduciendo la Belleza
a valor de mercancía.
No te inquietes si te digo
que mi añeja biología
no se encuentra con las fuerzas
de seguir la travesía
si no se ata a tu mirada
de espejismos y poesía.
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