Crónica del regreso
ni un pedazo de voz
me han dejado,
ni una lágrima rota
en la niebla,
que soporté allí.
Nada,
ni un pedazo de voz
me han dejado,
ni la tumba
donde está María
traérmela aquí.
Me han cerrado la casa en silencio,
me han mandado otra vez para aquí,
a la piedra terrible, al secano,
cuando yo me he dejado los años
donde uno trabaja por mil.
Mira,
ni siquiera me han dado
la mano
y decirme muy agradecidos
por lo que hizo
aquí.
Mira,
yo no entiendo
tampoco a los míos,
que los veo lejanos y ausentes,
ajenos a mí.
Y de golpe me encuentro en mi casa,
forastero en donde nací,
forastero también
en el tajo
donde yo levanté con mis manos
lo que uno trabaja por mil.
Paco,
me murmuran ahora
las gentes,
no te ofendas por nuestra pobreza,
seguimos así.
Y golpeo la casa con rabia,
y entiendo por qué estoy aquí,
acosado por todos,
vencido,
con las manos marchitas de miedo
donde uno trabaja por mil.
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