El tren fantasma
saluda el espanto
y la fragilidad.
Los mendigos en enjambre
ahuyentan el hambre
sobre el basural.
Y yo, absurdo en este tren
fantasma de mi ciudad,
testigo de esta Babel
que mata por soledad.
Duerme la muerte en el vientre
de un adolescente
buscando su pan.
Y en la bolsa de los sueños,
desnudo el invierno,
aspira Poxi-Ran.
Y yo, absurdo en este tren
fantasma de mi ciudad,
testigo de esta Babel
que mata por soledad.
Solo espero estar despierto
cuando explote la verdad
que devolverá los sueños
de este tiempo que se va,
la verdad, la verdad,
la verdad, la verdad.
La sonrisa de un extraño recita
en un baño su promiscuidad.
Alguien pasa a la otra orilla
con su jeringuilla, solo por soñar.
Y yo, absurdo en este tren
fantasma de mi ciudad,
testigo de esta Babel
que mata por soledad.
La película documental dedicada a Fito Páez propone un recorrido íntimo y en primera persona por más de cuatro décadas de vida y trayectoria artística del músico argentino. Dirigida por Matías Gueilburt y construida a partir de más de un año de seguimiento, material de archivo inédito, actuaciones y conversaciones personales, la producción se estrenará mundialmente el 3 de septiembre en Netflix.
El cantautor español Pedro Pastor ha tenido que suspender los conciertos que tenía programados durante agosto en Estados Unidos después de que no le haya sido concedido el visado de trabajo.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.
El cantautor, escritor e intelectual italiano Francesco Guccini, autor de canciones fundamentales como Auschwitz, La locomotiva (La locomotora) o L’avvelenata (La envenenada), ha fallecido a los 86 años. Durante cerca de medio siglo, Guccini construyó una obra estrechamente vinculada a la memoria, la historia, el compromiso social, la literatura y una particular manera de observar las relaciones humanas y el paso del tiempo.