Ella soñaba con vivir en Bahía (o Mariana)
pero en San Telmo sobrevivía.
Tomaba clases de teatro independiente.
Era feliz mostrando el … a tanta gente
inteligente.
Tomaba leche en La Martona de Corrientes
y se las daba de mujer independiente.
Siempre jugó a ser una mina esclarecida
con la política social comprometida.
Era agresiva.
En realidad siempre sintió ser agredida.
En este medio todo es causa perdida.
Mientras su amante resoplando a sus espaldas
le prometía ser el último en forzarla,
y rescatarla.
Ella pensaba que era un juego este tormento,
de abandonarlo todo en busca de otros vientos
de comenzar de nuevo en medio de otra gente,
en otra patria y otro cielo diferente.
Era inocente.
Nunca pensó en las que enfrentaron seriamente
la realidad de ser mujeres del presente.
Después de todo era una joven liberada,
lo suficientemente bien analizada.
Era freudiana.
Ella jugaba a la heroína de la fiaca
y hoy hace cinco largos años que era flaca.
Manda postales, sin corpiño, bien tostada,
con cierto tono portugués en la posdata.
Ya es bahiana mi Mariana.
La película documental dedicada a Fito Páez propone un recorrido íntimo y en primera persona por más de cuatro décadas de vida y trayectoria artística del músico argentino. Dirigida por Matías Gueilburt y construida a partir de más de un año de seguimiento, material de archivo inédito, actuaciones y conversaciones personales, la producción se estrenará mundialmente el 3 de septiembre en Netflix.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.
El cantautor, escritor e intelectual italiano Francesco Guccini, autor de canciones fundamentales como Auschwitz, La locomotiva (La locomotora) o L’avvelenata (La envenenada), ha fallecido a los 86 años. Durante cerca de medio siglo, Guccini construyó una obra estrechamente vinculada a la memoria, la historia, el compromiso social, la literatura y una particular manera de observar las relaciones humanas y el paso del tiempo.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.