La muerte no es morir
y tendré que abandonar
esta piel que me acompaña
como el sonido del mar.
Entonces, no podré hablarte,
ni mirarte como hoy,
y parecerá que duermo,
mas, no seré lo que soy.
Quietas estarán las manos
que construyeron el amor
sobre tu espalda y tus pechos,
tu vientre y tu corazón.
Pero, si pasa que un día
otra voz te dice “amor”,
no tengas miedo y recuerda
que vivir es la cuestión.
Puede ser que haya intentado
regresar una vez más
por amor a lo vivido
o por no haberme muerto en paz.
Y, si la brisa te mueve
los cabellos y el vestido,
no tengas miedo a ese beso,
que no es de un desconocido
es mi amor que ha florecido
para evitarte el dolor
de pasar el tiempo a solas
sollozando esta pasión.
Que nunca pude mirarte
cuando llorabas por mí;
la vida vive contigo
y la muerte no es morir.
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