Platonadas
donde el viento no reposa.
En el Brasil castellano
y aquí soy Zenobio Rosas.
Una vez que iba de apuro
y que no llegaba nunca,
en las bocas del Ayala
se me atravesó la luna.
En las bocas del Ayala,
entre el cielo y la laguna.
A mí me gusta cantar
donde haya cantores buenos,
que cantar es lo de menos:
la cosa es saber cantar.
No es cuestión de acomodar
ni emparejar la garganta,
hay que sacarse la manta
y mostrar el argumento.
Muchas veces sopla el viento
pero pocas veces canta.
Ahí viene saliendo el sol
como fondo de barril,
y debe traer buena caña
porque viene del Brasil.
Pa’ ese no hay guarda aduanero
ni milico de fusil.
¡Ah! Ponchito de los pobres
no te has de olvidar de mí.
Suena, guitarra querida,
que aquí empieza otro cantar,
y tus cuerdas le han de dar
dolor de tu alma escondida.
Al salir de mi guarida
salí siguiendo mi signo,
atento al cruce ’e caminos
que tratan de embarullarme.
¡Pero nadie va a enredarme
el rastro de mi destino!
Serranera
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