A la orilla
inspector de papeleras,
fugitivo del invierno
sentado frente a una hoguera.
Pude ser un suicida
que persigue el arcos iris,
exiliado de la vida
que aparece en las estrellas.
Un pianista mal herido
por las teclas del silencio,
un pintor que anda buscando
el color del universo.
Un mecánico enamorado
de una dulce camarera,
que apretando las bujías
sueña con ella, siempre sueña.
Un oficinista tomando café
entre las nueve y las nueve y diez;
un electricista arreglando la luna,
un marinero borracho de espuma.
Pero a la orilla de una guitarra me quedé,
porque a la orilla de una guitarra me siento bien.
A la orilla de una guitarra, me quedé.
Un extraño pasajero
por tu cuerpo amanecido fui;
medio corazón al vuelo,
el otro medio siempre atado a ti.
Un aprendiz de trovador,
más soñador que aventurero;
inaccesible para el sol,
para la luna siempre dispuesto.
A la orilla de una guitarra me quedé,
porque a la orilla de una guitarra me siento bien.
A la orilla de una guitarra, me quedé.
Un guitarrero tomando café
entre las nueve y las nueve y diez,
especialista en dejar la partida
cuando despierta y bosteza la vida.
A la orilla de una guitarra me quedé,
porque a la orilla de una guitarra me siento bien.
Me siento bien, me siento bien, muy bien.
(1987)
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