Mira la vida
mira la vida diciendo que sí
Otra historia entera una persona
con todo lo que trae
otro principio que se forma y late
y se ve venir.
Vámonos ya a despertar al campo,
decirle lo que hay
entra por ti un mundo nuevo
nunca lo vi venir.
Vámonos ya a levantar la tierra
sembrando donde hay
busquemos todo lo que pueda
cuidar a quien viene atrás
Por ti todo parece nuevo
lo que había y lo que hay
lo que me falla y lo que tengo
lo veo todo cambiar...
Es en futuro
todo es futuro
todo lo que quiero apenas va a llegar.
Es en futuro
todo es futuro
todo lo que quiero apenas va a empezar.
(2008)
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.