El destino de la abeja
es muy triste que un roble
ceda y le envuelva la languidez,
duele el abrazo del tiempo,
siempre regalando la vejez.
Pero nada habrá más triste
que la altruista moraleja,
una sola vez, un intento,
el destino de la abeja.
Siempre saltando de flor en flor
maravillándonos con la miel.
Vaya promiscua su devoción
de mezcla de instinto y de sensatez.
No habrá nada más terrible,
más oscuro que la soledad.
Se defenderá, picará una vez,
no habrá otra oportunidad.
Cuídate la vida, que la naturaleza
nos identifica y puede ser
que seas paloma o comadreja,
más fatal si, por amor,
tienes el alma de una abeja.
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