Para no ver eso
que también nosotros nos pondremos viejos,
que será la piel muestra del esfuerzo
cual mejor medalla, mire el jovenzuelo.
Y hay que ser un tonto para no ver eso,
que es normal sentir un poco de recelos.
Cada cual reacciona cual sus sentimientos
y no somos siempre exactamente malos
cual no somos siempre exactamente buenos.
Y hay que ser un tonto para no ver eso,
que también nosotros nos pondremos viejos,
que de los queridos serán más los muertos
y se irá oxidando nuestro pensamiento.
Que de la osadía quedará un recuerdo
tal como los dientes que ya no tendremos.
Y cuánto daría remontar el tiempo
y ver entonces qué hacemos.
Y hay que ser un tonto para no ver eso,
que es la juventud el mayor suceso,
que la zancadilla no fue un buen remedio,
sino para irse siendo un mal recuerdo.
Porque hay que ser tonto para, por respeto,
transitar por trillos por los que no creo,
callar si el pecho guarda un juramento,
de seguir luchando también con mi intento.
Y hay que ser un tonto y no ver eso,
que llegó la hora de arriesgar mis huesos,
de decir qué tengo, porque ahora puedo,
domar las fieras que trae mi tiempo.
Hay que ser un tonto para no ver eso,
que también nosotros nos pondremos viejos…
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