La llamada
sentado en un banco del parque,
la tarde alumbra tu aburrimiento.
No era esto lo prometido:
niño perdido, desde el andamio,
todo tu barrio te veneraba.
Y ahora sueñas en la cola del paro,
con un verano con playas de oro que no verás.
Princesa, acuda a caja tres,
de pie y sin pausa más de ocho horas,
diosa precaria a tiempo parcial.
Y no habrá sombra de Grey que ayude
a que el querube que espera en casa
tenga su nana de la cebolla.
Bella mariposa, aún se consuela
con no ser ella la que rebusca en el basural.
Escucha la llamada,
únete al grito de los cansados,
la vida fue un ensayo hasta ahora,
sal a la calle, salta las olas,
brilla en la tarde tu luz de aurora.
Que el miedo cambie de bando,
que el precariado se haga visible,
que no se olviden de tu alegría.
Que la tristeza, si es compartida,
se vuelve rabia que cambia vidas.
Limpiando la mugre de otros,
respira el polvo de ropa ajena,
bebe la pena en el fregadero.
Equilibrista de fin de mes,
a descoser para los muchachos
todos los bajos del pantalón.
Y estas navidades no habrá regalos,
turrón barato y algo de sidra si se da bien.
Lágrimas de hombre en barbecho,
noche de invierno sin radiador
con la pensión que tiene el abuelo.
Numantino sin Numancia,
si los desahucia el banco este lunes
¿quién hará lumbre con tus cimientos?
Y al banco de alimentos vas con corbata,
sobre tu espalda el planeta entero se sostendrá.
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