La salinera


Marino marinero, que contra el viento vas navegando,
si miras que a tu barco sigue un lucero,
ya sabes que sin verte te estoy mirando.

Marino marinero, no eches el ancla ¡ay! en la bahía,
vente junto a la playa que allí te espero,
contándole a las olas las penas mías.

¡Ay!, ¡ay! va en tu barco una rosa, la de los vientos,
otra rosa te manda mi pensamiento,
donde el mar con el cielo forma una estela,
busco de tu fragata las blancas velas.
Cuando amanece, la "tacita de plata" un sol parece,
la "tacita de plata" ¡ay!, un sol parece.

Salina salinera, niña bonita de San Fernando,
cuando tus pies descalzos pisan la arena,
de sal llenas los hoyos que vas dejando.
Salina salinera, si tú me miras no quiero faro,
que no temo a las rocas de la escollera,
si en la noche me guían tus ojos claros.

¡Ay!, ¡ay! va en tu barco una rosa, la de los vientos,
otra rosa te manda mi pensamiento,
donde el mar con el cielo forma una estela,
busco de tu fragata las blancas velas.
Cuando amanece, la "tacita de plata" un sol parece,
la "tacita de plata" ¡ay!, un sol parece.
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Tema en homenaje a la ciudad de Cádiz, popularizado por Estrellita Castro, que la cantó como danzón cubano en la película de 1939 "Los hijos de la noche".

Esta canción aparece en la discografía de
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