Estalactitas
vivíamos colgados como estalactitas,
tu rimel era el mapa del dorado,
No había visto nunca nada parecido.
Usabas el perfume de un ciclón dormido
y un carmín completamente arrebatado.
Que me miraras así y llevarte lejos,
era todo lo que quería…
Lejos de las miradas,
que nos encuentre la luz del día
con tu boca descubriéndose en la mía.
Muriéndome de sed en aquel desierto,
Montevideo era un libro abierto
y la música, una jungla de jazmines.
Yo iba con los tímpanos en las estrellas
dispuesto al fondo blanco con la seda aquella
y a besarnos en el fondo de los cines.
Y con el tintinear de tus cien pulseras
cada vez que te arreglabas el pelo,
supe que mordería la vida entera aquel anzuelo:
Dos espaldas recostadas en el cielo.
Y en los bolsillos nada más que…
tiempo, tiempo.
Y en los bolsillos nada más que…
tiempo, tiempo.
Tiempo, todo el tiempo.
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