La canchera
y está un kilo todavía,
aun guarda la lozanía
de sus primeros albores.
La mesa llena de flores
daba un sello de esplendor,
a la fiesta que en su honor
un viejito le ofrecía,
aue a más de su simpatía
era un cheque al portador.
Una luz pa’ cachar giles
pinta fina, alma orillera,
se diplomó de canchera
justo a los dieciocho abriles.
Tira los mangos de a miles
fuma y le gusta escabiar,
empilcha que ni qué hablar
lastra en la mejor cantina
y cuando llega la matina
recién se va a apolillar.
No hay lugar trasnochador
que no conozca esta leona,
desde un bar tipo Martona
hasta el cabaret más flor.
Aerolíneas, tren, vapor,
Mar del Plata, Miramar,
casino, bruto fichar
La vivió bien de primera,
el diploma de canchera
lo supo hacer respetar.
Bien sabe que a su hermosura
ya le queda poco paño,
también sabe que los años
se morfan cualquier pintura.
Pero ya cuando Natura
le empiece a dar con rigor,
tendrá un piso, un auto flor,
el viejito, la chequera,
y más guita en la cartera
que el Banco de Nueva York.
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