Cómo sigo
pero te extraño.
Hace un domingo inútil y he bebido,
tengo derecho.
Te grito y es el grito lo que miro,
puro deseo, sí, hecho y deshecho.
Sería más sencillo ser quien era
y no hay manera.
Es tarde o es temprano, es madrugada,
es tu sonrisa.
Aquí tu respirar sobre mi boca,
allí tu lengua intacta y tan sin prisa.
¿Cómo escucho tus besos?
¿Cómo huelo tu calma?
¿Cómo te busco bajo el frío, bajo el agua?
¿Cómo sigo? ¿Cómo?
Si afuera es la misma ciudad
pero llena de gringos.
Si adentro un recuerdo, un amor,
nunca fue tan prohibido.
¿Cómo puedo explicarte lo que siento?
¿Cómo voy a saber a dónde voy?
Cuando ya no confío ni en la muerte,
deseo verte.
Mi piel, cuando te huele se acurruca
como en la guerra,
un trago que se oxida en tu recuerdo,
la noche, el vendaval y el bar que cierra.
Sentada justo al margen de la vida
que no te olvida.
Aliento que enmudece este aire helado,
llegó tu brisa.
Un pájaro al oído, tu misterio,
otra madera más, otra ceniza.
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