Elegía por Cris
la nube de agua roja y plomo ya no te persigue más.
Feliz
entraña para darle fuego, sangre y luz a este lugar.
Amén.
Por siglos y milenios hueso y grito volatilizó.
Donde andes, Cris,
la máscara de guerra de tus ojos aún no se borró.
Cris
desnuda por el mundo, encaje y seda consumiéndose.
Al fin,
la prístina salina, lengua y pubis la infinita vez.
Dios
te amaba desde el hueso hasta la mira de tu arma ilegal.
No sabes, Cris,
cómo el olvido mata bajo el cielo desde que no estás.
Nadie sabe bien cómo es la luz cuando se agota;
nadie sabe dónde sepultar dos alas rotas;
nada consiguió torcer tu bárbaro destino
de rojo derramado hasta el dintel.
Y la noche te llamó desde los perros del gatillo
y ahora el agua te levanta desde el fondo de los grillos;
sobre el barro donde exhuman las calandrias el ardor
hay un árbol tierno donde fue barro tu corazón.
Cris,
fueron tumultos lánguidos la tinta que el agua lavó,
los
ancianos enfrentados en parodias deshonrándonos.
Hoy,
sin héroes ni deseos la epopeya nadie cantará;
yo sólo, Cris,
me escapo hasta la luna con tu nombre como un talismán.
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