La mirada
supe que no alzabas para mí
la noche de tu pañuelo
pero la luz de tus ojos sí;
disimuladas brasas en vuelo
quemándose al partir.
Sólo porque la zamba
no guarda prendas para el cantor,
no le mientas a mi alma,
tus ojos van donde va tu amor;
ese pañuelo sigue la danza
pero tus ojos no.
Guardo en el lucero
un tiempo que espero para refrescar
fuegos de mis amores
y los ardores de tu mirar;
cuando mi voz se cansa
hay otra danza para bailar.
Sesgo de tu mirada
que va endulzándome la canción
con su llama enredada
volviendo leña mi corazón.
No dejes de mirarme
hasta que apague la noche el sol.
En los pliegues del aire
hay un camino que nadie ve,
que trae la luz furtiva
de tus pupilas mirándome
y lleva en mi humilde zamba
arena blanda para tus pies.
Guardaré escondida
la copla dormida donde refrescar
fuegos de mis amores
y los ardores de tu mirar;
cuando mi voz se cansa
hay otra danza para bailar.
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