La torcida
a ver quién va a bailarla,
y en un giro de amor la sienta latir
y le endulce la piel amarga.
Marca por la noche
su fatigosa huella,
ciega de soledad, un paso aquí abajo
y otro paso en las estrellas.
Lleva un corazón
desacompasado y duro
y el acento del lado más débil del aire
por donde cae lo maduro.
La torcida no es
tan difícil de cantar
bajo esta luz; más difícil es vivir
de pie en esta tierra y andar.
En tanto no aclare
sobre esta tierra oscura
esta copla andará sangrando en el tiempo
con su torcida andadura.
Agua de la sombra
velada de mis días,
flor que endulza el salar, cruzando el desierto
va tu luna que me guía.
Canto y al robarla
del apagado espejo,
salta como una fiera mi vida astillada
con su quebrado reflejo.
La torcida es esta
voz que no tiene calma,
una canción que me va empujando el sol
en la oscuridad del alma.
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