Que te haga buen provecho
ni tampoco una gran felicidad;
porque poco me importa ya tu vida
pero quiero que pagues tu maldad.
Sin tu cariño me quedé
y estoy rete contento
y aunque un tiempo te adoré
ahora nada siento.
Sólo me duele la traición
tan cruel que me jugaste,
será una deuda de dolor
que tengo que cobrarte.
Si te encontraste otro querer,
que te haga buen provecho;
nomás acuérdate, mujer,
de todo lo que has hecho.
Tú has de saber que en el amor
la ley es respetada
y lo que se hace al corazón
el corazón lo paga.
Es mi costumbre en el vivir
de todos ser amigo;
mas el que amargue mi existir
que cuente un enemigo.
La que me hiera el corazón
ha de ser a la buena
y la que lo haga con traición
ha de pagar mi pena.
Si crees que ya te perdoné
estás equivocada
porque en las cosas del querer
no se perdona nada.
El que nunca ha sentido amor
que diga que es muy pobre
y el que perdone a una mujer
que diga que no es hombre.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.
La película documental dedicada a Fito Páez propone un recorrido íntimo y en primera persona por más de cuatro décadas de vida y trayectoria artística del músico argentino. Dirigida por Matías Gueilburt y construida a partir de más de un año de seguimiento, material de archivo inédito, actuaciones y conversaciones personales, la producción se estrenará mundialmente el 3 de septiembre en Netflix.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.
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