Pisando charcos
no pude comprarle,
y aquellos ojos color desengaño
barriendo la calle.
Después de verse tanto en el espejo
¿cómo iba a mirarme?
Si eran felices, no había más que verlos
reírse de nadie.
Y yo que estaba aprendiendo a olvidarle,
a maldecirle sin necesitarle,
me vi de pronto con dos lagrimones
en el velorio de las ilusiones.
Pisando charcos bajo el aguacero
también se puede cantar un bolero.
Con estos labios que tanto han callado,
que tanto han mentido,
que tanto han besado.
Iba luciendo el Cartier que en su santo
quise regalarle.
Si la derrota tuviera vacuna,
si se dejara engañar la fortuna,
si el corazón descubriera un camino
que desmintiera la ley del destino.
Qué desconsuelo el flash-back de sus ojos
bajando del coche.
Dejó un perfume de flores enfermas
rompiendo la noche.
Después de verse tanto en el espejo
¿cómo iba a mirarme?
Si eran felices, no había más que verlos
reírse de nadie,
burlarse de nadie.
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