Y mientras tanto
y me hice mayor.
Aplazaba el futuro y a ti
te debía una canción.
Arreciaba el invierno,
congelando la vida.
No moría lo viejo
ni lo nuevo nacía.
Era un tiempo de ruido febril
incendiando pantallas.
Nuestro verbo perdía el matiz
avivando las llamas.
A la espalda una piedra,
rumbo sin horizonte.
Cautivos pedalean
esquivando los coches.
Y, mientras tanto, yo
buscando la canción que aún te debo,
jugando al escondite con el miedo,
tratando de cumplir con la promesa
de darte un nuevo mundo cuando crezcas.
Y, mientras tanto, tú
trayendo algo de luz en el laberinto,
tejiéndome una manta para el frío,
saltando como loca en cada charco,
librándome del miedo y sus candados.
El invierno sitiaba Madrid
y cerraba otro cine.
Un maldito desahucio, un festín
para elegantes buitres.
En las casas de apuestas
un niño blasfemaba.
Se cerraban fronteras,
se ocupaban las plazas.
Casi sin darme cuenta, escribí
el relato pendiente.
Y la historia no hablaba de mí,
hablaba de lo urgente.
De mujeres valientes
alumbrando este marzo.
Hablaba de la gente
que no baja los brazos.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.