Asesina de mi vida
no sé como te tolero,
debe ser el fin de siglo
o que estoy enloqueciendo.
Sé que amarte es un combate
donde siempre caigo preso,
pero bien valen tus rejas
un descenso a los infiernos.
Me someto a tu malicia
como quien profesa un credo,
no me quedan más esquemas
que las reglas de tu juego.
Bailo al son de tus caprichos,
dices negro y digo negro,
no te llevo la contraria
porque no deseo hacerlo.
Vas a acabar con mis días
y mis noches, asesina,
asesina de mi vida.
Tu crueldad es una esponja
que succiona mi cerebro,
me torturas lentamente
con tu corazón de hielo.
No tienes la sangre fría,
que eso es tener sangre al menos,
lo que corre por tus venas
es dulcísimo veneno.
Mira que te gusta verme
humillado como un perro,
qué te importa maltratarme
si ni siento ni padezco.
Pero todo se me pasa
como si fuera un mal sueño
cuando veo que tus ojos
me insinúan: ahora quiero.
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