De la vieja guardia...
aunque no viví sus glorias
yo comencé a oír la radio
cuando ya se había hecho historia.
Cuando las bandas de pop
se llevaban ovaciones
de las que aún resuenan a ecos
en las viejas grabaciones.
Y me enterneció el amor
en una noche serena
en mi escondite añorado
que un día fue el autocinema.
Yo conozco mil historias
de la calle y sus rumores
de los pleitos de banquera
con merecidos honores.
Y miré algunos mayores
crecer bajo su leyenda
en las riñas de pandillas
con navajas y cadenas
Y después de aquel arrojo
se convertía en delincuencia
más de un bravo conocido
saboreó las consecuencias
que hace la ley de los puños
y fumar la hierbabuena.
Para saltar la alambrada
para brincar esta cerca
y ese asalto a mano armada
Que jamás valía la pena
a veces creo que mi entorno
fue el que me hizo observador
aprendía del error de otros
y tampoco fui mejor.
Siempre estoy necesitando
un sueño en que sobrevivir
como si fuera el muchacho
que no para de reír.
Cuando volaba a la avenida
bajando en mi bicicleta
como sí en la esquina nunca
me esperara una sorpresa.
Siempre fue cuestión de suerte
y hoy tampoco sé en que acaba
la vida de los que entienden
de contar casos que pasan.
Hoy no vuelo en mi manubrio
hoy mi guitarra me eleva
y me hace ocupar las dos manos
no hago otra cosa con ellas
que aferrarme a esta guitarra
como el fulgor a su estrella
como el soldado al fusil
y en noches como la de hoy
como un borracho a su botella.
Yo soy de la vieja guardia
de la canción de protesta
de los conciertos de pop
con una guitarra vieja.
En este mundo actual dominado por una élite de tiburones ávidos de sangre y dinero, forjadores de un mundo autoritario, genocida, explotador y censor, Silvio nos trae desde su bloqueada isla, nuevas y viejas canciones como si hubieran sido escritas anteayer para darnos un abrazo de esperanza, esperanza, esperanza blanca, roja o negra pero con amor.
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