Corazón de bandido
el hijo de quien les voy a hablar,
pero su madre que lo amaba con ternura
siguió su huella y jamás lo pudo hallar.
Siguió el vicio el hijo errante y peregrino,
dejó a su madre sumida en el dolor
y hoy del todo convertido en asesino
para todos su figura era un terror.
Transcurrieron veinte años y la madre
a su hijo querido no encontró,
por las tardes arrodillada ante una imagen
por su hijo elevaba una oración.
Pero, ¡ay! el destino reservaba
algo grave que hiere el corazón:
en la aldea se dio la voz de alarma
que llegaba un bandido aterrador.
Recorrió el pueblecito haciendo estragos,
ni a los niños respetaba aquel bribón
y una tarde cuando las hojas caían
en las puertas de una choza se paró.
La viejita, asustada, lo miraba,
un cigarro el bandido le pidió,
al pasárselo temblándole las manos
el carácter de su hijo conoció.
Para darle las gracias el bandido
un puñal a la anciana iba a clavar.
”Manuel mío, Manuel mío” gritó ella,
”No me mates, soy tu madre, ten piedad”.
El bandido horrorizado al ver su madre
volvió el arma y en su pecho lo clavó,
y la pobre viejecita a un crucifijo,
le decía: ”Perdónalo, Señor”
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