Hombres
los inteligentes, los flacos y gordos,
computarizados y clasificados,
desde pequeñitos identificados.
Algunos quisieran ser de otra manera,
cruzar el espacio, volver de la guerra,
entablar un diálogo con voz femenina,
conocer el vértigo de la cocaína.
El hombre procrea con tal insistencia
que sobrepoblada tiene la frecuencia.
Después se lamenta de que la ilusión
se le ha escapado por el pantalón.
Negritos peludos, rubios bien pelados,
viejito soltero o bien separado
mastican el chisme, digieren el cuento,
en definitiva son recopuchentos.
El hombre de oscuro cuellito y corbata
al lado de un jipi arito alpargata.
Encienda las luces, compare el retrato,
los mismos colgajos, el mismo aparato.
Heróicos rebeldes se fueron al chancho,
desarticulados hoy quieren un rancho
con muchos recuerdos, mucho animalito
y una gran piscina con verde pastito.
Los hombre bonitos, feítos, machitos,
devuelvan la entrada, cierren el circuito.
Todas las piruetas onda Superman
ya sobrepasaron, no dan para más.
Si un día de pronto se pusieran raros,
todos bien juntitos tomados de mano,
¿qué haremos entonces sin comer pasteles?
¿qué haremos nosotras golosas mujeres?
Los hombres adultos, leales, sinceros
están más escasos que los misioneros.
Si usted encuentra alguno lo cuide, lo mime
que no se contagie, que no se lastime.
No se ofenda nadie, menos mi comadre.
Estas reflexiones son parte del baile.
Será que mañana bajo el mismo techo,
hombres y mujeres, todos satisfechos.
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