Madre mía
como la menta o la hierba;
apenas echaba sombra
sobre las cosas, apenas,
y la tierra la quería
por sentírsela ligera
o porque le sonreía
en la dicha y en la pena.
Los niños se la querían
y los viejos y la hierba;
y la luz que ama la gracia,
y la busca y la corteja.
Y cuando es que viene y llega
una voz que lejos canta,
perdidamente la sigo,
y camino sin hallarla.
No me retiene la tierra
ni el mar que como tú cantas;
no me sujetan auroras
ni crepúsculos que fallan.
Estoy sola con la noche,
la osa mayor, la balanza,
y aunque tú no me respondes
todo esta noche es palabra.
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