Otra vez las náuseas
apurándose el olvido,
aferrada la matanza,
terminándose el camino.
Endurecen corazones,
amanece detenido,
embrutecen las canciones,
entristecen los amigos
Yo no sé dónde pongo el alma,
qué rincón quedará contigo,
qué saber, invasión que salva,
qué verdad servirá de abrigo.
Ya perdimos más de la cuenta
del amor y de la vergüenza,
el derecho y el mar podridos,
el pedazo que no se piensa.
Ni tal vez,
ni milagro ni renacer:
sólo podrá vivir
con las ganas de envejecer.
La pupila de la vida,
con la muerte entre las manos,
me revive y me suicida,
me devuelve cuanto te amo.
Universo derretido
en las lagrimas del tiempo,
corazón de amar adentro,
del desierto florecido.
Amargura, desequilibrio,
penitencia descerebrada,
ángel mítico jubilado
por culpa de tanta nada.
Civilización herida,
moribunda, depresiva,
expresiva, desesperada,
sabia, bruta, desentendida.
Ni tal vez,
ni milagro ni renacer:
sólo podrá vivir
con las ganas de envejecer.
Busco el dolor
sonriéndole al miedo;
cierta razón
convertida en deseo.
Quiero el calor
puro de la tristeza,
cierto sabor
a éxtasis de certeza.
Pido perdón
por tanto desencanto:
siento que soy
la agonía cantando.
Cruces de sol
sepultando infinito,
hijos del odio
del sueño maldito.
Canción escrita el 7 de marzo de 2003
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