El vagabundo de 23 y H
el caminante inagotable y solo,
el trotamundos de bártulo mugriento
aquí en su fundo nada elegante.
El vagabundo de 23 y H,
el trotabundo inalterable y tierno,
el camimundo de tímida sonrisa,
en lo profundo viaja el invierno.
Va tarareando un bolero,
va recibiendo mitades,
va de portal en portal,
de rincón en rincón
con su historia que ya,
ya no le duele.
Va recopilando olores,
va muriendo en sus verdades,
va de un pedazo de pan al sorbo de café,
si es que pudo juntar veinte bondades.
El mundo vaga en 23 y H,
el mundo trota detrás de su arrebato
y el pobre loco de morral sin envidia
no recuerda la foto
de aquella que hace mucho
le asesinó hasta el llanto.
Al vagabundo de 23 y H,
nadie lo ha visto llorar,
nadie lo ha visto llorar nunca.
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