Eso pido yo
Una voz que me recuerde a otra canción
Un amor que no deje de palpitar
Y una lágrima que no hable del dolor
Un recuerdo que no me haga llorar
Y un silencio que no me hable de tu piel
De tus manos que no volveré a besar
De tu risa que no escucharé otra vez
Y un rincón que no me traiga tu olor
Que no guarde tu color
Que no me haga suspirar
O tal vez una noche sin pensar
Que no tengo tu calor
Que tal vez no volverás
Eso pido yo
Sé que el tiempo siempre es sabio y borrará
Cada huella que dejaste en mi vivir
¿Y qué pasa si en lugar de olvidar
tu recuerdo crece más dentro de mí?
Eso pido yo... un amor, una canción
Eso pido yo... un espacio sin tu olor
Eso pido yo... una noche sin pensar
Eso pido yo... que no me haga suspirar
Eso pido yo...
Bambuco
Abril de 2026. Una visita a Cuenca. La ciudad alta parece casi inalcanzable pero se va abriendo al paso del caminante y se descubre a pinceladas, se avanza lentamente con atención a los detalles, te va envolviendo su generosa ofrenda de ocres, una esencia dulce de calles antiguas, escenario de historias de vida que fueron y van arriba y abajo. Cuenca, refugio de miradas eternas que en sus horizontes van quedando guardadas, también en nuestra memoria. Cuenca, la de la piel quebrada por hoces y ríos, la que celebró en el siglo XX su poeta Federico Muelas, la que envejece y revive en el XXI y cada día.
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